Cómo hacer crecer una rosa ya cortada y hacer que florezca con este truco

2022-08-01

Al vivir en tiempos tan difíciles, estamos constantemente ansiosos, pero no perdemos la fe. Tenemos miedo porque creemos que estamos en peligro. Es una sensación de desesperanza que experimentamos como resultado del miedo a las situaciones en las que creemos que no podemos controlar. No pierdas la fe, porque Dios es tu ayudante inmediato: " Pues yo te sostengo de tu mano derecha: yo, el Señor tu Dios. Y te digo: “No tengas miedo, aquí estoy para ayudarte." (Isaías 41:13).

Tú no dependes Ni de tus emociones ni de las circunstancias

Aunque sientas que estás perdiendo el control de tu vida, no dejes que las circunstancias de la vida te paralicen. Lucha por lo que crees, aunque veas que las puertas se cierran, si tu espíritu está cansado, no pierdas la esperanza en el Señor.

El miedo no es raro ante una prueba de vida, incluso los que caminaron con Jesús decayeron, ¿cuánto más nosotros que no le vimos? Recuerdas el relato de Jesús dormido en la barca mientras sus discípulos estaban aterrados. “Los discípulos fueron a despertarlo:

—Señor, ¡sálvanos! ¡Nos vamos a ahogar! —gritaron.

—¿Por qué tienen miedo? —preguntó Jesús—. ¡Tienen tan poca fe!

Entonces se levantó y reprendió al viento y a las olas y, de repente, hubo una gran calma. (Mateo 8:25-26).

Confía a Dios tu corazón

Confía en Dios y búscalo en espíritu y verdad, no dejes que las trivialidades te impidan alcanzar tus metas. El miedo y las inseguridades no te ayudarán en nada. Recuerda, cada aspecto de tu vida ha sido diseñado por el Padre, y si algo es desafiado, es porque este desafío será para bien, traerá un tremendo cambio. Así que busca la presencia de Dios, deja que él pelee tus batallas por ti, descansa y no te preocupes, sigue adelante.

El sol sale después de una tormenta

Cuando nos enfrentamos a situaciones difíciles, debemos tener en cuenta que siempre habrá una calma después de la tormenta. Cuando la situación aprieta puede hacernos sentir desesperados por encontrar una solución. Hoy, aferrémonos a nuestro Creador porque sabemos que todo en Él es posible. Aunque los discípulos de Jesús fueron testigos de sus milagros, siguieron dudando, nosotros siempre tendremos dudas como humanos.

—Sí, ven—dijo Jesús.

Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús, pero cuando vio el fuerte[a] viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse.

—¡Sálvame, Señor! —gritó.

De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró.

—Tienes tan poca fe—le dijo Jesús—. ¿Por qué dudaste de mí? (Mateo 14:29-31)

Las pruebas restauran nuestra fe

Dios no quiere que suframos, sino que desea que estemos confiados y en paz. Confiando en que él es nuestro alimento y protección. Por lo tanto, al avanzar, ten en cuenta que Dios te abrirá puertas de bendición.

No desesperes, porque el Señor te dará nuevas fuerzas para alcanzar tu meta, independientemente de los obstáculos. No bajes los brazos ni tires la toalla por las dificultades, y no dejes que estas te impidan ver las maravillas de Dios en tu vida.

Dios satisface nuestras necesidades

Todas nuestras necesidades son satisfechas por Dios. Esto no significa que la comida, el techo, la ropa y el calzado caigan del cielo, pero si confiamos en el Padre, él responderá a nuestras necesidades.

Mira los pajaritos, ellos comen cada día, pero Dios no les da el alimento en el aire. Ellos deben bajar a la tierra a por ello. Esto quiere decir, que también debemos esforzarnos.

Trabajar en obediencia, sembrar respeto y cosechar en abundancia es lo que obtendrás si pones tus proyectos en manos del Gran Maestro. Nadie puede cerrar las puertas que él abre. Él abrirá puertas en tu vida que nadie podrá cerrar si no dejas que las circunstancias nublen tu visión y no renuncies a tus sueños sin haberlos probado antes.

No permitas que el miedo te impida hacer lo que tienes que hacer. Si la duda aparece en tu lucha, clama a Dios y él te llenará de alegría y eliminará tu incertidumbre.

Pero Jesús les habló de inmediato:

—No tengan miedo—dijo—. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí! (Mateo 14:27)

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