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2020-11-28

La prisa, la ira, la angustia, la impotencia... son emociones negativas que nos están dominando ahora mismo. No obstante, trabajar con estas emociones es frustrante y podría convertirse en todo un desafío.

Asimismo, la cosa se complica un poco más cuando la persona que amamos está experimentando estas emociones. ¿Cómo puedes amar a alguien que está enojado o angustiado todo el tiempo? Lo sé, esta situación es desgastante. Pero podríamos estar enfrentando estos problemas con nuestros hijos, seres queridos y compañeros de trabajo.  

Por ejemplo, lidiar con un jefe malhumorado y venenoso es difícil. Su ira y el poco o ningún control de sus emociones puede generarnos estrés, preocupación extrema y demasiada ansiedad. Pero no se preocupe, nuestro Señor, en su Palabra, nos da esperanzas y nos ayuda a manejar con éxito estas situaciones. 

A continuación, te daremos 3 trucos efectivos, basados en la Palabra de Dios, para manejar con éxito a una persona difícil. 

Pero primero, entiende el origen. Por ejemplo, la ira es una emoción secundaria. Esto quiere decir que se produce después de que la persona ha experimentado una primera emoción.   Por lo general, cuando nos sentimos amenazados se desencadena la ira. Esta puede desatarse cuando surge una amenaza en: 

1. Nuestra seguridad: ya sea económica, física o mental.  

2. Cuando perdemos conexión: es decir, cuando dejamos de sentirnos valorados, estimados y sentimos que nadie nos ve o nos escucha.  

3. Cuando perdemos el control: esto se refiere a sentirnos acorralados. Cuando no vemos otras alternativas u opciones a escoger, por lo que nos sentimos atrapados e incapaces de tomar una decisión.  

La buena noticia es que Dios puede manejar a la perfección estas cosas, pues su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Tenemos acceso a su gracia infinita. Por tanto, su gracia es suficiente (2 Corintios 12:9). Dios quiere ayudarte con esas tres cosas que te descontrola, que te causan ira y desesperación.    

Domina estos tres desencadenantes de la ira y sé feliz



Cada vez que tú o alguien a tu lado se enfada es producto de una de esas tres cosas que no puede dominar, pero lo peor es que en la gran mayoría de las veces, tampoco deja que el Señor les ayude. 

1. Aprende a examinar tus emociones

La persona enojada se siente en riesgo, pues su conexión consigo mismo o con un familiar o amigo se ve amenazada. Esto es porque ya no se siente protegido o porque las cosas que creía segura se salieron de control. Cuando algo nos amenaza, crece la ansiedad y el enfado.    Experimentar ira es manifestar miedo, peligro o un daño a nuestra persona. Estamos hablando de que una persona que esté experimentando ira es una persona herida y asustada.  

 2. No enfrentes a una persona llena de ira. 

La ira enloquece. No intentes abordar a una persona que se encuentra fuera de sí por la ira. La ira hace que no pensemos claramente, pues hace que la actividad cerebral se aleje de la corteza prefrontal, pasando a una fase primaria. En la que solo nos enfocamos en destruir la amenaza. Si la persona que tratas de ayudar se encuentra en este estado, aléjate y dale espacio. Tú eres en ese momento la única persona que piensa con claridad, por lo que tienes más paciencia que la persona enfadada.


Ahora bien, deberías intervenir, si y solo si, ves que la persona podría amenazar contra su vida. De lo contrario, aléjate, pues podrías peligrar.  

Tampoco trate de razonar con una persona enojada. Recuerde que en este momento la persona no está pensando claramente.     Ahora bien, tan pronto notes que la persona se calmó, acércate. Muestra tu preocupación y lo mucho que te duele verlo o verla así. Aborda lo que realmente importa: su miedo y dolor.

3. Trate específicamente el dolor y el miedo en una persona con ira.

La amenaza que experimentó esa persona hizo que surgiera la ira. Por lo que se siente asustado y herido.

1 Juan 4:18 significa mucho para mí, pues anteriormente, cuando no conocía esta información, me airaba con frecuencia, me lastimaba y lastimaba a otros.

Esta cita bíblica dice: "El amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor".

En otras palabras,usted va a abordar a esa persona con amor. Debes empatizar con su miedo y hacerle preguntas abiertas que le ayuden a procesar por qué ese acontecimiento amenaza su seguridad y lo hizo perder el control.

Lo más maravilloso es ser capaces de observarnos a nosotros mismos, pues descubriremos patrones que desatan nuestra ira constantemente. Es decir, por lo general, son las mismas situaciones que nos sacan de casillas y nos producen ese enojo incontrolable.

Si no eres capaz de examinarte a ti mismo (a), pídele a Dios que te examine. "Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno" (Salmos 139:23-24).

¿Qué te hizo enojar? Descubrir esto es la clave. ¿Alguien te menospreció, te hizo sentir vulnerable, solo (a)?

Muchas veces el querer compararnos constantemente produce una desconexión, pues te pone a dudar: ¿Soy lo suficientemente buena (o)? ¿Soy amada (o) o rechazada (o)?

Aprender a controlar tus emociones te ayudará a salir de situaciones en las que, de no saber esto, terminarías humillado, ignorado, indefenso, abrumado, débil...

A veces lidiamos por obligación con personas y situaciones difíciles. Hay se enferma gravemente y esperamos lo peor. Alguien en nuestra familia constantemente ofende o busca enfrentamientos. Puede que a la hora de salir de tu trabajo enfrentes un tráfico infernal... Pero saber estas cosas nos da poder, el poder de elegir en Cristo que no nos afectará.

Por lo tanto, si ves que esa odiosa persona se acerca, debes estar preparado. Debes recordar que es una persona insensible a veces, que busca dañar. Puede ser un jefe, un vecino, un amigo o un familiar. Recordar quién o qué es te dará la oportunidad de prepararte e ignorar su agresión.


NO LO OLVIDES:

La ira nos aleja de Dios, peor aún, nos impide heredar su reino: 

“Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; 20 idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos 21 y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21).

Por otro lado, debes recordar que "El verdadero amor echa fuera el temor". Es decir: "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor" ( 1 Corintios 13: 4-5).

Mi última recomendación es que ores. Dios nos prepara para cosas en las que ni en mil años podríamos estar preparados para enfrentar. Entrégale esa carga a Él y sé libre.