Me aferré tanto a Papito
Dios que definitivamente sentía que él estaba luchando por mí. Cuando más mal
estaba: el Señor Jesús me tomaba de la mano y me ayudaba a caminar y a seguir
adelante. Tres veces tuve que ingresar de emergencia al hospital, porque una de
las razones por la cual la quimioterapia es dura, difícil y peligrosa, es
porque baja tus defensas y sin estas mi cuerpo no podía luchar contra las
infecciones y las enfermedades.
Pero de esas tres batallas duras que me toco librar ¡salí victorioso! porque mi Señor estaba conmigo.
Fueron días de mucho dolor y de cosas feas que —si uno no las vive en carne propia— es difícil que alguien lo pueda entender y mucho peor es tratar de explicarlo.
Los doctores se sorprendían
de la forma como estaba asimilando el tratamiento, ya que antes de empezarlos
me advirtieron que se trataba de uno de los tratamientos más duros y agresivos
que existen para luchar contra esta clase de cáncer raro.
Dios me mantuvo fuerte y por su infinita misericordia siempre halle gracia ante los doctores y todo el grupo médico de todo el hospital.
También tuve la oportunidad
de hablar con un joven que también tenía cáncer, pero la diferencia era que yo
conocía del amor infinito de Dios, y él no.
Así que le compartí de ese amor. El estaba muy triste y no tenía ganas
de seguir luchando. Prácticamente estaba muerto en vida, sin esperanzas y con
una madre destrozada. Una enfermera entró a mi habitación y me pidió que fuera
hablar con él. Ustedes se preguntaran ¿Por qué acudió a mí esa enfermera? Lo único que les puedo decir es que la Fe que
yo tenía en esos momentos tan difíciles lo reflejaba ante mis doctores y enfermeras.
Con mi Biblia a mi lado, y en la pizarra de mi habitación mi Mami escribía con
letra grande JESUS IS THE LORD (Jesús es mi Señor). Así todo el que entraba sabía
que yo era un hijo del Dios altísimo.
Jesús es mi Señor, ¡JESÚS ES MI SEÑOOOOR! HAZ CLIC AQUÍ PARA SEGUIR LEYENDO
|
Siguiente: Dios me ha sanado» |
anterior siguiente |