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2022-11-25

No hay nada mejor que estar en los brazos del Señor, él es nuestro mejor consuelo cuando llegan los desaciertos, el perfecto cobijo cuando tenemos frío, el lugar más seguro para sentirnos a gusto y lo más conveniente antes que nos llegue la muerte. Es por eso que para entrar a la presencia del Padre primero debes rendirte a sus pies.

Rendirse es someterse, sujetarse o darse por vencido ante algo o alguien y en la mayoría de los casos esta acción es vista como una pérdida ante aquel o aquello por lo que se ha dejado dominar. Sin embargo, en Dios nunca tendremos las de perder porque todo es ganancia en los caminos del Rey “Y no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos” (Gálatas 6:9).

A sus pies en obediencia

Obedecer a Dios es una decisión y vivir bajo sus designios es la garantía de hacer el bien. No importa la edad, el tiempo ni el momento dedícate a caminar de la mano del Señor y verás que, aunque tus fuerzas disminuyan la gracia de su amor renovará tu vida“. Por tanto, no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo, nuestro hombre interior se renueva de día en día” (2 Corintios 4:16-17).

El amor “Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (Corintios 13:7), hecho presenciado en la Cruz del Calvario. Perder la vida fue la forma en que Jesús nos demostró su amor, pero antes de esto él se rindió ante el Padre “Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (S. Mateo 26:42).

No tienes nada que perder, solo mucho por ganar

Muchos no quieren que Dios gobierne sus vidas por miedo a lo que puedan perder, pues aplicar las enseñanzas del Maestro a nuestras vidas implica que tendremos que enfrentar pruebas y desafíos que nos harán flaquear. Pero anímate, Dios es nuestro ayudador y a sus pies nada ni nadie te hará tambalear.

Puede que te sientas más seguro en los brazos de Dios, pero el estar a sus pies no tiene por qué hacerte vacilar. Por eso deja de pelear con tu Maestro y obedécele en espíritu y verdad, reconoce que nada eres fuera de él, entrégale tu vida y prepárate para gozar de su infinito amor andando en santidad.

En conclusión

Recuerda, a sus pies significa rendirse con la certeza de alcanzar ganancias, pues muchas veces tus luchas no son contra potestades sino con Dios mismo, y es por eso que ante los muchos ruegos en medio de tu aflicción la espera se hace eterna. Sin embargo, cuando decides decir ¡Basta, Señor, tuyo soy! Todas las cosas marcharán para bien y lo que crees perdido se multiplicará.

No permitas que Dios sea tu última opción, pues lo que te definirá como hijo suyo es dejar que maneje tu vida. No tengas miedo de estar a sus pies y humíllate ante aquel en quien no se halló ningún tipo de error para que puedas alcanzar la perfección.

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