2020-12-12

De aquellos que tienen un corazón inocente como el de los niños es el reino de los cielos (Mateo 19:14). Aunque no lo creas, podemos aprender y ser edificados con la vida de nuestros pequeños. 

La disciplina que reciben, como cuando los padres los ponen de castigo y cómo celebran sus pequeños triunfos, guarda una estrecha relación de cómo debemos comportarnos y debemos hacer para agradar a nuestro Padre.  


4 Actitudes que debemos imitar de los niños que agradan Dios:

Amor y ternura:

Los niños son amorosos y tiernos,  no se niegan a dar abrazos ni a regalar una hermosa sonrisa. Esto es porque reflejan el amor de sus padres y al mismo tiempo hablan como sus padres le hablan, con ternura y afecto. 

Así   como los niños imitan a sus padres, también nosotros debemos imitar a nuestro Padre celestial. 

Temen y se acercan a papá:

Todos somos pecadores, los niños también pueden mentir, tomar lo que no es suyo o herirse entre ellos. Pero sienten temor al castigo que sus padres le darán cuando se enteren de lo que hacen, su miedo a ser castigados y a la corrección, los disciplina  dejando de hacer travesuras y encuentran la solución en los brazos de papá. Por ejemplo:  En vez de arrancarle un juguete de la mano a otro niño van corriendo hacia papá y le piden uno igual o mejor.


Ellos nos enseñan a corregir nuestros malos deseos, por ejemplo: tomar los juguetes que no nos pertenecen o hacer berrinches. Podemos ir hacia el trono de la gracia en oración y súplica, donde está sentado el Todopoderoso que nos suple todo cuanto necesitamos.

“Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella”, Hebreos 12:11.


Dependen completamente de sus padres:

Tal vez un niño se las pueda arreglar para alcanzar la altura suficiente y encender una estufa y calentar su leche con chocolate, pero sabemos que se puede lastimar, por eso les enseñamos que tratar de hacer cosas peligrosas puede ocasionarle daños severos. Por ese motivo ellos se sientan confiados y despreocupados viendo cómo preparan su botella.  

Al igual que los más pequeños no debemos tratar de hacer o tomar decisiones que están fuera de nuestro alcance. Presenta tu petición a Dios y espera gozoso de que tu bendición vendrá. 


No olvidan lo que aprendieron:

“Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará” Proverbios 22:6.

Nadie olvida lo que ha aprendido y recibido de sus padres, sea bueno o sea malo. Pero cuando recibimos la amorosa y valiosa corrección de Dios entendemos que todo lo que hace nuestro Padre es para nuestra bendición. No nos olvidamos de Su amor y de los mandatos que nos llevan a estar firmes en la roca: Cristo Jesús.