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Mi paz te dejo, Mi paz te doy.  

Jamás ni el mundo, ni la gente te darán el amor y la paz que puedo darte yo.

Mi paz te doy. Recíbela hoy en tu corazón.

Gracias por confiar en Dios, gracias por no darte por vencido.

Gracias por alzar tus manos hacia el cielo cuando más cansado estás en tu camino.

Cuando sientes que no puedes, tu sabes que el fuego de su amor te recuerda siempre que Él está contigo.

No pongas tus ojos en humanos. Todos fallamos.

Que tu ánimo no dependa del cariño y aprobación de la gente.

Es verdad que Dios nos ha creado para amar y ser amados, pero también es verdad que el único amor eterno, 

que por lo siglos de los siglos será tuyo, es el dulce amor de Dios, amor seguro, nunca falla.

Esperanza pediste y he aquí ha llegado.

Por paz oraste, aquí la tienes.

Si te disponías a descansar, reposa.

Si tus labores debes continuar, persiste.

Porque cuando duermes en El estás seguro,

y cuando caminas ÉL te protegerá del mundo.

Recuérdate a ti mismo que no estás solo. No eres huérfano. 

Y aun si tuviste padre y madre, pero ya no están contigo, siempre está disponible para ti el más bello y más hermoso de todos los cariños.

Es tan bello sentir y saber que tu Padre celestial se preocupa por ti y sabe que estas palabras necesitas. 

No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que nace del corazón de Dios y su alimento para ti en esta hora es paz, aliento, tranquilidad, confianza. 

Mi paz te dejo, Mi paz te doy. 

Jamás ni el mundo, ni la gente te darán el amor y la paz que puedo darte yo.

Mi paz te doy. Recíbela hoy en tu corazón.


Escrito en amor y humildad para ti por Hermes Alberto Carvajal
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