5 consejos para evitar un accidente por causa de un reventón de neumáticos

2022-07-07

10 Examinen qué es lo que agrada al Señor, 11 y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas. (Efesios 5:10)

Jeremías hace un comentario controversial en el que expresa que al hombre no le pertenece su camino y que ni siquiera le pertenece dirigir sus pasos (VER Jeremías 10:23).

¿Por qué este comentario de Jeremías nos concierne aún después de tantos años? Pues porque estamos viviendo tiempos difíciles, extremadamente difíciles y las cosas se van poniendo peor.

Cada día nos enfrentamos a situaciones que nos obligan a tomar decisiones, muchas veces desconcertantes. Lo cierto es que cada una de nuestras decisiones, profundas o triviales, influyen en nuestro bienestar físico, espiritual y emocional.

La toma de decisiones

Siempre estamos tomando decisiones. Es más, puede que ahora mismo te encuentres haciendo una negociación o tomando una decisión. Por ejemplo: cruzar la calle, escoger la ropa que usaremos, ir a comprar café, qué comeremos, a quién veremos hoy ... son decisiones triviales que tomamos sin darnos cuenta a diario. Forman parte de nuestra vida cotidiana.

No obstante, para un seguidor de Cristo, aunque parezca simple, ponerse la ropa equivocada puede ser catastrófico. Igualmente, lo que bebemos, lo que hablamos; todo aquello que reflejamos en nuestra conducta puede parecer trivial para algunos, pero podría resultar de piedra de tropiezo para otros.

En otras palabras, cuando andamos en los caminos del Señor, como sus siervos, debemos reflejar a Cristo en todo lo que hacemos. Es así de sencillo. Te voy a dar otro ejemplo, supongamos que eres la hija o el hijo de Michael Jordan y ahora mismo estás en una cancha. Todos los espectadores suponen que tú debes jugar igual que tu papá. Eso es lo que todos esperan. ¿Es mucha presión, verdad?

Pues no necesariamente porque puede ser que a ti ni el basquetbol te guste. Pero al menos esperan que algo bueno hayas heredado. Es decir, ya sea que eres muy trabajador, muy honesto, muy bien portado, muy inteligente, muy espiritual, etc. Siempre estamos tratando de ver lo bueno o lo malo de los padres reflejados en los hijos.

Pues bien, afortunadamente, debemos tratar de parecernos a nuestro perfecto Padre Celestial. Todo en Él es bueno. Todo lo que hagamos debe ser para la gloria de Dios. (Colosenses 4:6; 1 Corintios 10:31; 1 Timoteo 2:9-10).

Las decisiones importantes

Dentro de las decisiones importantes que debemos hacer en nuestra vida está, por ejemplo, ¿con quién me casaré o no me casaré? ¿Iré o no a la universidad? Otras cosas fundamentales como elegir a tu mejor amigo, elegir un empleo, nuestra espiritualidad, etc. Estas son decisiones más relevantes. En vista de que debemos tomar decisiones, es conveniente ser capaces de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Sobre todo, en un mundo en el que a lo malo se le llama bueno.

Hay camino que al hombre le parece derecho, Pero al final, es camino de muerte. (Proverbios 14:12)

Pero, ¿cómo podemos llegar a distinguir entre lo que parece correcto y lo incorrecto?

Este problema de poder discernir entre lo correcto y lo incorrecto lo tenemos desde siempre. Adán y Eva decidieron muy mal. A lo largo de nuestra historia hemos tenido intelectuales como Aristóteles y Platón, entre otros filósofos, quienes se consideraban demasiado inteligentes como para considerar en serio al apóstol Pablo. De hecho, lo consideraban un charlatán.

18 También discutían con él algunos de los filósofos epicúreos y estoicos. Y algunos decían: «¿Qué quiere decir este palabrero?». «Parece ser un predicador de divinidades extrañas]», decían otros; porque les predicaba a Jesús y la resurrección. Hechos 17:18

Por tanto, la cosa no fue fácil ni siquiera para los primeros seguidores de Cristo. Estos tenían que luchar contra las costumbres e ideales de las personas que los rodeaban. Sobre todo, porque la sociedad de aquel tiempo, al igual que en nuestro tiempo considera algunas costumbres, beneficios y ventajas como correctas. Pero son abominables ante los ojos de Dios. Es por esto por lo que debemos estar atentos ante la sabiduría del mundo, pues esta es vana y engañosa.

Cuando lo que parece correcto es muy incorrecto...

Cuando necesitas un consejo, ¿a quién se lo pides? Hoy en día tenemos una exagerada cantidad de expertos. Solo tienes que ver las redes sociales para conocer a los expertos en la vida humana. Hay de todo: expertos en negocios, expertos en matrimonios, expertos en salud, expertos espirituales, oradores motivacionales expertos en cultivar el egoísmo y toda clase de expertos a cambio de una aportación económica, ya que hoy en día hay muchas formas de monetizar cualquier cosa.

Pero, ¿qué aconsejan estas personas? Por lo que he visto, siempre dan consejos contrarios a la Palabra. La tendencia en nuestros días es ser tolerantes y no juzgar a nadie. Claro está, tergiversando el verdadero sentido de no juzgar, lo que favorece a la nueva moralidad. Por tanto, carecemos de un concepto absoluto entre lo que es bueno y lo que es malo. Así pues, nuestro mundo está tomando como referencia a aquellos que han triunfado económicamente, a los que han alcanzado la fama (aunque sea con medios o propósito incorrectos). Estas personas son para estos consejeros el modelo a seguir.

Porque del deseo de su corazón se gloría el impío, Y el codicioso maldice y desprecia al Señor. (Salmo 10:3, 4)

Como resultado hoy tenemos una sociedad permisiva, una sociedad en la que “El fin justifica los medios” y todo se vale. Para ellos no tenemos una norma de referencia, pues la Biblia, supuestamente, está obsoleta y "llena de contradicciones".

En cuanto a los resultados que ha obtenido esta sociedad, pues ya los conocemos: más y más familias disfuncionales, violencia, promiscuidad, alcoholismo, drogadicción, enfermedades de transmisión sexual, etc.

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que tornen de lo amargo dulce, y de lo dulce amargo! Isaías 5:20

Oremos para que cada día el Señor nos dé sabiduría divina, no la sabiduría de este mundo, para que seamos conscientes de cada decisión que tomemos. Por pequeña que esta sea, sabemos que repercute en nuestra familia, en nuestros amigos, en nuestra sociedad.

 
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