2022-10-12
A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia (Deuteronomio 30:19).

Hoy quiero abordar tanto el concepto de bendición como el de maldición. En la vida habrá momentos buenos y momentos malos. Mucho estrés, tristeza o eventos desafortunados pueden llevarnos a sentir que el mundo está en nuestra contra. Este sentimiento de estar maldito puede tener un efecto poderoso en nuestras vidas.

En la Biblia, vemos cómo las personas fueron bendecidas. Piensa en todos los que fueron escogidos por Dios para ser parte de su familia, desde Abraham hasta José y sus hermanos. En muchos casos, sus vidas cambiaron para mejor, aunque se podría pensar en un principio que sus vidas acabarían muy mal.

El Señor nos dio a nosotros, sus inteligentes criaturas humanas, el libre albedrío. No nos creó como robots, sino que nos dio la libertad y la responsabilidad de tomar nuestras propias decisiones.

(Salmo 100:3) Los primeros humanos, Adán y Eva, tenían la libertad de elegir el camino que quisieran, pero tendrían que responder de sus decisiones ante Dios.

Pero, ¿qué sucede cuando las cosas no salen como quieres? ¿Eso significa que estás maldito o algo así? Eso no es necesariamente cierto en la Biblia. De hecho, hay numerosos ejemplos de personas que han sido atacadas o agraviadas injustamente, pero que lograron cambiar la situación con la ayuda de Dios.

Entender el significado bíblico de maldición y bendición

Una maldición es algo que impide recibir los beneficios de algo bueno. Por ejemplo, una persona que no puede tener hijos puede sentir que la falta de hijos es una maldición, pero no necesariamente es cierto.

En cambio, una bendición es algo que te trae cosas buenas. Una persona que recibe una beca o un subsidio para estudiar en la universidad puede sentir que el financiamiento es una bendición.

Mira, hay varias razones por las que las personas se sienten que están en un camino de maldición. Por ejemplo, pueden estar experimentando un dolor emocional o físico o pueden haber sido víctimas de un crimen. Esto puede provocar sentimientos de injusticia y falta de control, y hacer que la persona se sienta impotente. Cuando esto ocurre, puede sentir que Dios le ha abandonado.

También muchas personas pueden sentir que Dios quiere castigarte por algo que hiciste mal o pensar que no mereces la bendición de Dios. Cuando te encuentres en esta situación, debes recordar que el amor de Dios por ti permanece constante a pesar de tus sentimientos.

Puede que te sientas bendecido, pero en realidad vives en maldición

Si te sientes maldito, aún puedes ser bendecido por Dios. Si sientes que has sido bendecido y que todo va como quieres, puedes sentir que no estás maldito. Pero aun así puedes estar bajo una maldición. Me explico, eso es porque cuando sientes que todo va bien, puedes tener la tentación de olvidarte de Dios y dejar su bendición en un segundo plano.

También puedes tener la tentación de decir: "Me lo merezco". Cuando nos olvidamos de agradecer a Dios por nuestras bendiciones y somos autosuficientes, podemos estar bajo una maldición.

Por otro lado, podemos sentir que tenemos que tomar las cosas en nuestras manos, ya que no podemos ver otra salida a nuestra situación. Cuando hacemos esto, nos alejamos de la protección y la bendición de Dios.

Ten cuidado con las bendiciones que en realidad son maldiciones disfrazadas

Cuando estás pasando por momentos difíciles, es fácil pensar que Dios te ha maldecido. Si tu vida parece ir de mal en peor, es natural querer saber por qué y querer que las cosas cambien.

Cuando te sientes que no estás siendo bendecido, es posible que la tristeza, la ansiedad y sentimientos muy negativos te embarguen. Algunos sufren callados, mientras otros pueden tener la tentación de compartirlo con sus amigos o incluso de publicarlo en las redes sociales.

Es más, algunos de nosotros, cuando nos pasan cosas malas, las compartimos, decimos incluso cómo nos sentimos porque puede que sientas que quieres advertir a los demás de lo que te ocurre para que no cometan los mismos errores que tú. Así es, mientras algunos callamos, otros buscan la manera de convertir algo malo en bueno, compartir sus experiencias para que así, otros queden advertidos.

Dios elimina la maldición y restaura la bendición

Cuando te sientes que todo va mal, es muy probable que estés bajo una maldición. Pero también puede tratarse de una prueba, somos probados como el Crisol para que podamos crecer espiritualmente. Dios, a través de Cristo, elimina la maldición y restaura la bendición.

Muchas veces estamos ocupados, estamos tan haciendo tanto ruido que nos cuesta escuchar la suave voz del Señor. Queremos escuchar las voces del mundo, tanto así, que dejamos de prestarle atención a la voz del Espíritu Santo. Dejamos de escuchar su suave susurro. En lugar de ir a la presencia de Dios, nos hundimos en la tristeza, en la depresión y, como necesitamos una respuesta rápida, preferimos pedírsela a los que no tienen a Cristo en su corazón. A las personas que no tienen ni siquiera temor de Dios, faltos de sabiduría.

No siempre puedes controlar lo que te sucede, pero puedes controlar tu respuesta a ello. Cuando te sientes en maldición, todavía puedes ser bendecido. Siempre puedes acudir a Dios para que te levante, te ayude. Examina tu corazón para saber si estás haciendo cosas que no son agradables a Dios.

Conclusión

Aunque no entiendas por qué te pasan esas cosas malas, pide que Dios te guíe, Él te dará instrucciones porque él te lo ha dicho: "Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces" (Jeremías 33:3).

Para que Dios te bendiga, debes creer en Él y tener fe en Él. Debes dejar que la Palabra de Dios se instale en tu mente y corazón. Confía en Dios tu corazón, la victoria está en Él.

El libro de Eclesiastés 3:1-8 dice: “Sé el primero en bendecir y el último en maldecir”. Es decir, siempre debemos dar la bienvenida al bien y también echar abajo todos los malos pensamientos sobre nosotros mismos y sobre nuestras circunstancias.

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