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Remedio casero para blanquear rodillas, codos, axilas y cuello

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice El Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Jeremías 29:11

Dios tiene un plan para ti. Primero, de salvación eterna. Segundo, Dios también ha designado una misión para ti. Tú eres importante para Él. Las diarias situaciones de la vida tratan de cegarnos a ver las maravillas que Dios tiene para nosotros.  Yo, personalmente te lo digo, tengo que levantar mi cabeza, estirar un poco mi vista, mirar por encima de las dificultades y contemplar en fe el cumplimiento de mi misión como siervo de Dios.


El plan de Dios no necesariamente significa bienes materiales, fama y fortuna, o incluso felicidad pasajera. No, su plan va más allá de todo eso, pero tenemos que sacudirnos los falsos conceptos que nos ha sembrado la manera de pensar de este mundo si queremos realmente cumplir el propósito de Dios.


Dios quiere que seas feliz, es verdad, pero, esa felicidad, esa paz, ese fin divino, estará completo en el cumplimiento de tu misión. No confundas sin embargo las muchas tareas que tienes que hacer en la tierra creyendo que estas son “tu misión”.  Tus talentos y habilidades tu profesión o ministerio son un vehículo, son las herramientas que te ayudan a forjar tu misión durante tu camino, pero tu verdadera misión se verá cumplida, cuando, un día, tú mires el rostro de Jesús, y él te diga: Buen siervo fiel, entra en el gozo de tu Señor.  Contiua leyendo mas abajo

Jeremías 29:11


¿Te puedes imaginar cuanta felicidad sentirás en ese día?
Es ese el supremo llamamiento del que habla el Apóstol Pablo. Ese es el final de la carrera, es ahí donde en verdad recibirás tu premio eterno. Esos son los planes de bien que Dios tiene para ti.

No importa cuán obscuro se mire tu futuro en este momento, o que tan agresivo sea el ataque del enemigo. Porque Dios está contigo, ningún diagnostico o pronóstico en contra tuya prevalecerá. Yo te ruego que con tu puño y letra escribas este versículo, Jeremías 29:11, en una hoja de papel y lo coloques en algún lugar donde lo puedas mirar y leer varias veces al día. 

Cada vez que lo mires, por más apurado que estés, trata de leerlo o repetirlo en voz alta y trae a tu mente ese momento glorioso cuando de las manos de Cristo recibas tu corona. Y en la lucha diaria de la vida, sus pensamientos son de paz y de bien, nunca de mal, para darte el fin que esperas: EL cumplimiento de tu misión. Tu victoria. Amén.
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