2020-10-08

<<No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón>> Lucas 12: 32-34.


<<Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas>> (Mateo 6:33). 

Estos pasajes nos explican que obtenemos más de Dios cuando perdemos más de nosotros. 

Me explico: todo aquello que podría ocupar un lugar en nuestro corazón se vuelve parte de nosotros y podría llegar a ser el centro de nuestra adoración. Mientras que cuando vemos las cosas que tenemos como bendiciones de Dios y lo compartimos con los demás, estamos apreciando a Nuestro Dios por lo que Él hace en nuestras vidas.

¿ Tener posesiones es malo? 

El hecho de tener posesiones no es malo, pero si pensamos en ello como cosa a que aferrarse, convertiríamos algo bueno, en algo malo. Cuando miramos lo que tenemos o deseamos a través de  nuestra propia concupiscencia somos tentados. Guardamos en nuestro corazón algo que no es para la voluntad de Dios, sino para alimentar nuestros propios deseos.

¡Crea tesoros en los cielos que no se agoten y que nadie los pueda tocar! … ¿Pero, cuáles son esos tesoros?¿Cómo creamos esos tesoros? 



Si la voluntad de nuestro Padre es darnos su reino, es justo buscar con diligencia las cosas del Señor. Pensar únicamente en nuestras posesiones materiales y el ajetreo de nuestra rutina diaria nos podría desenfocar del verdadero propósito de nuestra vida: honrar a Dios y obedecer sus mandamientos (Eclesiastés 12:13).

El único tesoro que debemos desear con todas nuestras fuerzas, que será siempre de nosotros y su valor es indescriptible e inimaginable para la mente humana, es Cristo.

<<Porque Dios, que ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. Pero tenemos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros>> (2 Corintios 4:6-7).

Si tenemos nuestros corazones en los mandamientos de Cristo y construimos  nuestros deseos sobre la piedra del ángulo que es Jesús, vamos a construir tesoros en el cielo. 

Los tesoros en el cielo no son joyas que se ven y que podamos palpar, todo eso es temporal, los tesoros de los cielos son dados por Dios para la alabanza y gloria de su nombre. Nuestra salvación, la vida eterna, nuestros dones… La verdadera felicidad: nuestro Cristo.