2020-12-11

“Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá;no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre”, Salmos 55:22.

Estar entristecido todo el tiempo no nos permite disfrutar de las bendiciones que Dios nos ha dado. La depresión nos impide llenarnos de los frutos del Espíritu Santo, nos esclaviza, nos deja vulnerables en agonía y lejos de los caminos del Señor.

Si andas en el camino hacia la cruz y reconoces que Jesucristo es tu salvador, pero aun así,  te sientes deprimido es porque:

No estás alimentando al Espíritu.

Tal vez me digas: “Pero si leo mucho la Biblia”… “¡Pero... si oro a Dios!”… “¡Pero... si voy siempre a la iglesia!”… ¿Pero realmente vives en el Espíritu?  Todas estas acciones son perfectas para alimentar el Espíritu, pero si no le das permiso a Dios de transformarte en un nuevo hombre una y otra vez no dejarás que el Espíritu de Dios more en ti.

Vivir en Espíritu es vivir en la paz de que, Cristo padeció por tus pecados y ya no vives tú, ni tus pecados o dolores que te deprimen, vive Cristo en ti.

Puedes orar y suplicarle a Dios que te renueve, pero si este pedido no viene de lo profundo, de un corazón dispuesto a cambiar o si no hablas con palabras sinceras: la raíz de tu depresión, más que los tragos amargos que se encuentran en la vida, es lo soberbio y agarrado que eres a tus ideas y negativas de que Dios no ha obrado a tu favor… No encontrarás la luz.


Gózate en el gran amor de Dios, y piensa con una mente renovada en el Espíritu. Se agradecido, porque todavía tienes la oportunidad de ser transformado y porque Dios está al pendiente de ti. 

Amamos a Dios porque Él nos amó primero haciéndonos hijos suyos, regalándonos la vida eterna y bendiciéndonos en este momento.

Estás en depresión porque no aceptas ser transformado por Dios ni abandonas aquello que te ha hecho sufrir tanto. 



No te has despojado de tu carga.

 
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;  porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” Mateo 11:28-29.

Llevar el yugo de Jesús es tener fe y despojarse de todo lo que nos esclaviza, nuestro Señor vino a salvar nuestras almas, vino a llevar por nosotros la carga del pecado.

Deja de sostener tu aflicción, tu pesar. Renuncia a pensar que tus deseos te darán felicidad, estos jamás llenarán ese espacio en tu corazón. La verdadera felicidad la encontrarás en el amor al Padre y gozo de las bendiciones que Él te ha dado. 

No has quitado los ojos del mundo.

“No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre”, 1 Juan 2:15.

En el mundo no encontrarás el amor del Padre. Dios es Santo y aborrece la iniquidad del hombre. Vivimos en el mundo, pero no para el mundo. Nuestras vidas están guardadas en el Dios Todopoderoso, no en los bienes en el mundo, ni siquiera nuestros hijos y familiares nos pertenecen, le pertenecen a Dios.