2021-01-05

En estas últimas décadas la vida ha cambiado de forma vertiginosa, y muchos vemos un panorama diferente a cuando éramos niños. Anteriormente, los niños no montaban bicicleta con cascos y los autos no tenían bolsas de aire. ¡Beber agua directamente de la manguera, era algo que hacía todo niño después de jugar al aire libre! Lo mejor de todo, es que nuestra vida era más simple y aquí estamos, vivos y contándolo.

No hay nada de malo en proteger a nuestros hijos y en la actualidad vemos a muchos padres y madres sobreprotectores. El problema surge cuando empezamos a pensar que la felicidad significa estar seguros y cómodos y cuando nuestro objetivo en la vida se convierte en evitar todo riesgo, y, por lo tanto, dejamos de vivir.

Es decir, cuando nuestra principal prioridad es estar seguros y protegidos, perdemos el contacto; no solo con las necesidades de los demás, sino con una necesidad primordial propia.
Fuimos creados para mucho más que estar sentados frente a las pantallas de una televisión, tableta o teléfono inteligente. ¡Fuimos creados para una gran aventura! Dios nos diseñó para correr grandes riesgos y enfrentar enormes desafíos, para lograr grandes metas que tienen un impacto duradero y grandioso en nuestra alma.

Si descubriéramos que solo nos queda un mes de vida y comenzáramos a considerar cómo podríamos dejar un legado global duradero, es posible que estuviésemos tentados a pensar: es demasiado tarde. No tengo el dinero ni el poder necesarios para marcar la diferencia en este mundo.

Pero nunca subestimes el poder de tu propósito. Este propósito es la habilidad que cada uno de nosotros tiene, todos los días, de ser usados por Dios para bendecir al resto del mundo.
  
Hay un propósito para ti

Quizás Helen Keller lo resumió mejor: “Soy solo uno, pero aún soy uno. No puedo hacer todo, pero aún puedo hacer algo; y como no puedo hacer todo, no me negaré a hacer algo que pueda hacer ".

En otras palabras, tu vida tiene un propósito del cual debes de estar consciente. Aunque ahorita no sepas tal vez cual es, tienes que buscar a Dios en oración y aferrarte a esta verdad: Hay un propósito para tu vida. No naciste de casualidad. Tus inicios tal vez fueron humildes, tal vez dolorosos y confusos, tal vez atravesaste más dolor de lo que otros hemos atravesado. Tal vez en este momento no tengas nada (ni a nadie), pero tienes a Dios que está de tu lado. Créelo, hay un propósito en esta vida para ti, y ese propósito te fue dado por Dios.

Cuando leemos los noticieros y vemos los problemas globales que estamos enfrentando como el cambio climático, muchos países que están en guerra y también padeciendo una hambruna o el COVID 19 trayendo muerte y enfermedad por todo el mundo, sentimos miedo, derrota, resignación o simplemente apatía.

La mayoría de nosotros estamos tentados a pensar: ¿Por qué intentarlo? El problema es tan enorme y complejo que nunca marcaré la diferencia.
 
Existe la tentación de convertir estos problemas en abstracciones en lugar de realidades diarias, pero si realineamos nuestro punto de vista con la perspectiva de Dios, haremos lo que podamos, sin importar cuán pequeño o intrascendente pueda parecer nuestro esfuerzo.

Si tocamos una vida, podemos marcar la diferencia entre la vida y la muerte, tanto física como espiritual, para otro ser humano. Si adoptamos el hábito de hacer lo que podemos, cuando podamos, donde podamos, seremos transformados por nuestro Buen Dios al ayudar a los demás.