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2020-12-03

La realidad que presentamos a través de nuestros pensamientos no siempre es la correcta. Continuamente nos dejamos manipular por las ideas vanas del mundo y nos involucramos en una sociedad que no conoce de Cristo y cuyos deseos son sus dioses.

Pablo nos dice en Romanos 12:2 : “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”. 

Nuestros pensamientos y deseos no pueden estar centrados en nuestra voluntad, porque nuestros deseos son pecaminosos y nos destruimos a nosotros mismos por andar en malos caminos. Pero si deseamos servir al Dios de amor, Todopoderoso y Padre de nuestro Señor Jesús encontraremos la voluntad buena, agradable y perfecta.

En que debemos pensar para no ser devorados por el pecado 

Para no ser devorados por la concupiscencia de nuestros pecados debemos tener los ojos puestos en las cosas de Dios. Su Palabra cada día nos instruye y nos orienta en el camino correcto: el camino a la salvación por medio de Cristo. Cada día podemos encontrar en ella el pasaje perfecto que nos ayuda a entender que es lo bueno y mejor para nosotros, y, claro, cómo no dejarnos consumir por ideas corrompidas que terminan lastimando a los hombres y alejándonos de Dios? 

Considerar lo que está bien como  aquello que es respetable, aquello que es justo y puro, amable y digno de ser admirado y elogiado (Filipenses 4:8). 

¿Cómo identificamos estas cosas buenas ante los ojos de Dios? 

Podríamos encontrarnos con buenas acciones, pero con un propósito maligno detrás de ellas; parte de un plan pecaminoso que no edifica a Dios. Si es así, entonces no podemos considerar bien estas cosas. Si son acciones bien intencionadas respetables, justas, amables... en fin, de buen corazón, esto debe estar en tus pensamientos. 

 

Podemos pensar cosas buenas, pero no ser buenos



"No hay ni un justo, no existe nadie que esté limpio de pecado". Somos pecadores por naturaleza, los malos pensamientos son simplemente una manifestación clara de lo malo que somos y podemos ser.

Pensar cosas buenas no te hace bueno. Si eres bueno es porque Jesucristo te hizo bueno al padecer en la cruz del Calvario. Esto no quiere decir que vas a pecar intencionalmente porque eres un pecador sin remedio, más bien, ahora que sabes que esto vive por la nueva ley que has recibido, la ley de la gracia de Dios, andando en el Espíritu.   

“Por eso, dispónganse para actuar con inteligencia; tengan dominio propio; pongan su esperanza completamente en la gracia que se les dará cuando se revele Jesucristo”. 1 Pedro 1:13


Cómo  mantener cautivos nuestros pensamientos peligrosos


Todos los pecados son malos, ni más pequeños ni más grandes ante los ojos de Dios. Consideramos esos pensamientos peligrosos como los que atentan con hacerle un daño grave al prójimo o que su resultado no se puede pasar por alto por el miedo que provoca.

No alimentes los malos deseos.

Los pensamientos peligrosos son formulados por nuestra mente poco a poco, no aparecen de sorpresa, son parte de un odio e insatisfacción acumulada que espera por estallar. 



3 Pasos para desaparecer los pensamientos peligrosos:

Abandona el mal camino.

Si tienes estos malos pensamientos y no te apartas de aquello que lo provoca, este continuará atormentándote. Arrepiéntete de corazón y no vuelvas atrás. Cristo te ama, sufrió la muerte de cruz por ti, para darte felicidad y romper las cadenas del enemigo; y esto es por siempre, hasta la eternidad.

“Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar,y de él recibirá misericordia”. Isaías 55:7

Confesar nuestros pecados a Dios.

Dios te perdonará si aceptas a Jesús como tu salvador, Él te acogerá como a Su propio hijo, te apartará del mal y bendecirá tus pasos. 

Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad (1 Juan 1:9).

Aléjate de la maldad del mundo

Los hijos de Dios están en el mundo, pero no pertenecen a él.  Esperamos con ansias la venida de Cristo, mientras tanto debemos alejarnos de todo lo que le desagrada a Dios y dejar de ser amigos del mundo.

“¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios”. Santiago 4:4