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2020-11-19

Los obstáculos y el sufrimiento nos obligan a reunir fuerzas para superar un día a la vez. Pero nuestra creencia en un Dios, quien todo lo puede, se pone a prueba durante estos oscuros días.

No obstante, el desarrollo de nuestro carácter depende de nuestra reacción a los tiempos difíciles. Como escribió Pablo en Gálatas 4:19, "Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes". Es decir, tal y como si fuéramos un atleta, nuestro carácter se forma cuando atravesamos pruebas.

Dios es paciente con nosotros. Incluso, cometemos repetidamente los mismos errores en nuestro intento por seguir a Cristo. Sin embargo, nuestro fiel padre en el cielo no vacila ni en perdón, amor o misericordia. No nos deja jamás solos, de hecho, su palabra nos ha sido dada para guiarnos cuando estemos atravesando el tortuoso camino del sufrimiento.
 
 
"Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (2 Corintios 4:17). 

Vemos que Pablo en esta cita bíblica llamó ligero y pasajero a nuestros sufrimientos, mientras que le dio peso a la gloria por venir. Es decir, se refiere a esta como algo más sustancioso y duradero.

Por lo tanto, cree en Dios, pues nuestra fe en él es la clave. De lo contrario, dudamos, nos preocupamos y se nos hace imposible superar las pruebas. 

La historia de Job es un gran ejemplo para ilustrar este punto. De hecho, es uno de los más empleados en tiempos de pruebas. Aunque su sufrimiento fue grande, injusto y prolongado, él nunca perdió la fe. Él entendió que necesitaba la fuerza de Dios para sobrevivir. Asimismo, Abraham y Sarah tuvieron que atravesar pruebas. Para ellos fue difícil porque Dios les prometió algo que era contrario al razonamiento humano.

Por si aún no tenemos claro lo que es soportar el sufrimiento con paciencia, tenemos a Jesús. Él, a pesar de todo, fue obediente hasta su muerte en la cruz.  Pero el apóstol Pablo, quien describe con gran maestría el tema del sufrimiento, nos instruyó a seguir a Cristo, llevando las cargas de los demás. Gálatas 6:2 dice: "Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo".

Esta porción de la Palabra se nos hace difícil de practicar, ya que solemos decir:"¿Cómo voy a ayudar a otro, si no puedo con mis propios problemas?"
Sin embargo, mientras más conocemos sobre el carácter de Dios, menos probable será que nos convirtamos en víctimas de las circunstancias.    
Ahora veamos estas tres promesas bíblicas, las cuales son una garantía que nos llena de esperanzas cuando estamos atravesando un largo sufrimiento.


 
#1 Dios renovará nuestras fuerzas
 
"En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán" (Isaías 40:31). 
Cuando leemos la Biblia también aprendemos de la vida de otros que al igual que nosotros, han creído. La sabiduría que obtenemos de la Palabra de Dios nos da consuelo y paciencia para enfrentar las pruebas.             
 
Promesa #2, Dios nunca nos dejará.
 
No debemos afanarnos tanto por las cosas de este mundo. El amor al dinero, apegarnos a las cosas materiales, a la larga nos hacen infelices. "No amen el dinero; estén contentos con lo que tienen, pues Dios ha dicho: Nunca te fallaré. Jamás te abandonaré" (Hebreos 13:5). 

Nuestra esperanza está en Jesús. Él nos promete su compañía constante.

Esto es algo similar a cuando éramos niños. Cuando algo malo nos pasaba íbamos corriendo hacia nuestros padres o hacia un ser querido para que nos ayudara, curara nuestras heridas o simplemente, nos resolviera algún problema.  No importa cuán desesperado estés ahora, corre hacia tu Padre celestial, Él se ocupará de ti.   
 
Promesa #3, Jesús sanará cada una de tus heridas
 
Tal y como te hemos dicho en el punto anterior, Dios puede sanar y ayudarte a atravesar cualquier circunstancia. "Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más" (Apocalipsis 21:4). 

Jesús mejor que nadie en este mundo conoce el sufrimiento. Él soportó cosas que ningún ser humano podría soportar. Por lo tanto, Él se identifica con nuestro dolor o con nuestra debilidad. Es por esta razón que debemos alabar a Dios en todo tiempo, incluso en el sufrimiento. 

Dios recompensa tu obediencia con paz y esperanza. Por lo tanto, tu bálsamo que alivia dulcemente tus heridas está en Cristo.  Es por ello por lo que debemos buscarle primero a Él, pues todo lo demás será añadido, según su promesa.
"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6:33).