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2020-11-28

“Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré” (Mateo 25:21).


Ser ricos y tener posesiones no tiene nada de malo, es una bendición de Dios poder tenerlas, pero aun así las riquezas no lo son todo en la vida. No podemos vivir solo para hacer dinero, el sistema de nuestra sociedad y la necesidad de trabajar para obtener beneficios son una herramienta, pero no el centro de nuestras vidas.

Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré» (Hebreos 13:5).

El Dios Todopoderoso no abandona a Sus hijos, también nos dice que pidamos y el nos dará lo que necesitemos. No trajimos nada a este mundo y tampoco nos llevaremos nada así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso (1 Timoteo 6:7-8).


Con el pecado vino el trabajo

Luego de que Adán y Eva comieran el fruto prohibido, Dios le dijo a Adán que 
con penosos trabajos comería de la tierra todos los días de su vida (Génesis 3:17). Trabajamos para comer y tener los suministros básicos, pero nuestro trabajo no es nuestro dios. 


Ante esto, debemos tener cuidado de que nuestra necesidad y deseo de tener los bienes necesarios para subsistir no nos convierta en esclavos del trabajo. Cristo padeció por nosotros para liberarnos, no para que nos esclavicemos nosotros mismos y pongamos el dinero sobre todo. 

“Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción” (1 Timoteo 6:9).


El dinero no nos sacia 

“Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo!” Eclesiastés 5:10

Mientras más tenemos más gastamos y regularmente lo gastamos mal. No hablo de retener el dinero ni de invertir, ni de comprar lo mejor de la tecnología, hablo de ayudar a los que necesitan. A diario vemos anuncios por la televisión o conocemos personas y comunidades completamente pobres que no solo están falta de dinero, también están de Cristo. 

Solemos ignorar la importancia de las misiones y lo que estas pueden hacer en todo el mundo, pero resulta que este es un mandato de Dios: Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura (Marcos 16:15).

No es para que otros disfruten de tu duro trabajo, es para que el nombre de Dios sea conocido en todo el mundo. Él establecerá Su reino a través de nosotros, todos conocerán al Rey de reyes, no podemos esperar a que las piedras hablen por nosotros. Un pequeño esfuerzo de evangelizar y ayudar a otras personas es la semilla que crecerá y cambiará a todo el mundo. 


Consejos para mejorar tu situación económica  y bendecir a Dios en ello




1- Reconocer que todo viene de Dios.

“Recuerda al Señor tu Dios, porque es él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy el pacto que bajo juramento hizo con tus antepasados”. Deuteronomio 8:18

Si todas las cosas provienen de Dios, ¿quién es tu sustento? Dios…
No te preocupes por lo que no tienes, Él suplirá donde hace falta, acércate a tu Padre y dile que necesitas o te gustaría tener. Que el sea el que dirija tu vida, no el dinero y los afanes de la riqueza.

2- Sé organizado.

Presta atención a lo que haces con el dinero, podrías malgastarlo en cosas que no necesitas. Una casa muy grande, varios carros y ciertos lujos que para ti no significan nada, reducir estas cosas podrían mejorar tu estado económico y permitirte invertir en ayudar a los demás. 


3- Ayuda a los que necesiten.


“He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justos en la miseria, ni que sus hijos mendiguen pan” (Salmo 37:25).

Dios bendice al dador alegre y le ayuda en todo tiempo. Lo que hagas por los demás Dios lo ve, Él conoce tu corazón y bendiciendo a otros glorificas Su nombre.