Chema sólo quería vivir: Historia de reflexión

2022-07-11

Cuando estás angustiado, ¿qué haces? Lloras, te preocupas, gritas, te desesperas... ¿Te agitas y te confundes, verdad? La mayoría de la gente intenta resolver sus problemas de cualquier manera, sea como sea. Lo importante en el momento es salir de eso... Pero, ¿es esto correcto?

Pienso que una de las cosas que debemos tener presente los creyentes es que no todo se vale. No podemos justificar el fin con medios dudosos. Esta es una famosa frase utilizada por gente llena de egoísmo, que solo busca su propia dicha sin tener en cuenta el bienestar de los demás. Tú ya conoces bien esta frase, por lo que sabemos que, como hija (o) de Dios, esperas en Él. Pero además sabemos que los problemas pueden llegar a nublar tus pensamientos, y no nos gusta verte así.

Por otro lado, si ya has tratado de encontrar soluciones a tu problema, está muy bien. Me refiero a las acciones que las personas inteligentes pueden tomar para deshacerse de sus problemas. Por ejemplo:

- No rendirse porque saben que hay que abordar el asunto y están dispuestos a luchar.

- Todo es cuestión de "actitud".

- Es posible que ya hayas realizado el famoso ejercicio de lluvia de ideas en una hoja de papel, en la que has enumerado los pros y los contras para poder resolver el problema. Esto es muy inteligente.

- Si ya has pedido ayuda externa porque te das cuenta de que lo que estás viviendo es extremadamente difícil, y necesitas apoyo. Esto también está excelente porque buscar ayuda en las personas sabias de nuestra comunidad es muy importante.

Sin embargo, si has tratado de resolver tu dilema repetidamente, pero no has visto ningún cambio... Debes dejar que Dios pelee por ti.

¿Te cuesta confiar? ¿No te atreves a dar el salto de fe?

Es importante abandonarse en los brazos de Dios, para que todo se maneje de acuerdo con Su voluntad.

Pero ocurre que oramos y, en nuestras frenéticas oraciones, no solo pedimos, le ordenamos al Señor que cumpla a cabalidad nuestros deseos. "Señor, tú me conoces, sabes que soy devoto tuyo y sabes que esto me urge". "Señor, solo tengo hasta el miércoles, así que ven en mi ayuda rápidamente, por favor, ¡con poder!".

Dios no es un genio en una botella. Él te conoce y sabe lo que es mejor para ti. A veces, pedimos, y ni siquiera nos conviene, pero seguimos pidiendo y exigiendo lo que supuestamente queremos y necesitamos con urgencia sin ni siquiera saber si lo que pedimos es de bien para nosotros.

Así es que, nuestro consejo es que te dejes llevar por tu Creador. Confía en Él, descansa en Él, porque Su plan es perfecto.

No es necesario predecir el futuro.

No hagas conjeturas sobre lo que va a pasar. Te sorprenderá saber que muchísimos creyentes acaban pecando por consultar a un adivino. No te preocupes por el futuro.

En tiempos de problemas, a menudo nos asustamos, gritamos desesperados y clamamos a Dios que nos libre de esta tormenta. Olvidamos, sin embargo, que Jesús está durmiendo en nuestra barca, justo a nuestro lado. Si no recuerdas esta porción de la Biblia, repasa Mateo 8:23-27 o Lucas 8:22-25.

Conclusión

No intentes manipular a Dios, deja que sea Él quien gestione tus dificultades. Abandónate con confianza y acércate al trono de la gracia. No intentes interferir en la obra de Dios. Simplemente declara: "Jesús, confío en ti".

Tampoco te desanimes, ya que Dios te ama y te tiene en la palma de su mano. No obstante, si crees que las cosas se han salido de control, si crees que todo ha empeorado, haz esta oración: 

 

Oración para ceder el control a Dios en momentos de angustia

 

Señor, permíteme confiar plenamente en ti, pues sé que solo así me irá mejor. Necesito confiar en que todo lo resolverás, según tus designios.

Padre, ayúdame a no desesperarme, a no pecar contra ti al elevar una oración agitada. Una oración marcada por la duda y el deseo de que se cumpla lo que yo creo que para mí es lo mejor.

Jesús, quiero dar el salto de fe. Ayúdame a cerrar los ojos del alma y confiar en ti.

Quiero dejarte actuar libremente en mi vida, Señor.

Quiero reposar en tus manos y confiarte plenamente mi futuro. ¡Jesús, yo confío en ti!

Concédeme la gracia de la paciencia, no quiero resolver las cosas a mi manera. Ayúdame a cederte el control.

No permitas que satanás me agite, me angustie y me quite la paz. Líbrame del mal, Señor. Toma Tú el control absoluto de mi vida.

¡Amén!

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