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2016-05-12

Abdul Halim al-Attar, un refugiado de Siria que fue fotografiado vendiendo plumas en las calles de Beirut, ahora tiene tres empresas en la ciudad después de una campaña para recaudar fondos que se hizo en línea en su nombre  juntó $ 191,000 dólares.


El padre de dos hijos abrió una panadería hace dos meses y ha añadido una tienda de kebab y un pequeño restaurante a su aventura empresarial. Él emplea a 16 refugiados sirios.

La fotografía de al-Attar donde lleva a su hija dormida en su hombro mientras trataba de vender bolígrafos para los transeúntes en el calor abrasador se difundió el pasado verano y tocó a millones de personas en todo el mundo.

Uno de los que se conmovieron por su difícil situación fue un periodista y desarrollador web en línea de Noruega, Gissur Simonarson, que ha creado una cuenta en Twitter y una campaña de Indiegogo para recaudar $ 5.000 Dlls para al-Attar y su familia. Cuando se cerró tres meses más tarde, la campaña había recaudado casi cuarenta veces más: $ 188.685 Dlls se agregaron otros $ 2,324 Dlls en donaciones desde entonces.

"No sólo cambió mi vida, sino también la vida de mis hijos y la vida de personas en Siria a quien ayudé", dijo. Al-Attar entregó cerca de $ 25.000 Dlls a sus amigos y parientes en Siria.

Al-Attar también construyó rápidamente una vida mejor para él y su familia en Beirut. Su esposa regresó a Siria y están separados actualmente.

Además de las empresas en el sector alimentario, al-Attar llevó a sus hijos de un dormitorio que todos compartían a un apartamento de dos dormitorios en un edificio sin terminar con vistas a la carretera en el sur de Beirut. El apartamento es ruidoso y escaso, pero la pequeña Reem de 4 años de edad, quien estaba sobre el hombro de su padre en la foto viral, muestra con orgullo sus nuevos juguetes: utensilios de cocina de plástico, un columpio y un oso de peluche que parece ser su favorito. Su hermano, de 9 años de edad Abdullelah, está de regreso en la escuela después de tres años de ausencia.

Para al-Attar, a sido un largo camino recorrido desde Yarmouk, el campo de refugiados palestinos en el extremo sur de Damasco, donde estuvo empleado en una fábrica de chocolate. El campamento está devastado por los combates. A pesar de que es de Siria, al-Attar es palestino y no tiene la ciudadanía siria.

Entregar los fondos a al-Attar ha sido una lucha. Hasta el momento sólo ha recibido el 40 por ciento de los $ 168.000 Dlls, después de que Indiegogo y Paypal tomaran alrededor de $20.000 en honorarios de procesos bancarios. PayPal no opera en el Líbano, asi que por el momento el dinero se trajo al Líbano poco a poco por un amigo de la campaña que puede hacer retiros en Dubai.

"El ver que él abrió un restaurante y sus hijos están bien cuidados, me hace muy feliz", dijo Simonarson en una entrevista telefónica desde Oslo. Pero también dijo que estaba descorazonado "después de ver lo difícil que ha sido el desembolso, las complicaciones con los refugiados y no poder abrir una cuenta bancaria en el Líbano. Creo que será mi última recaudación de fondos."


A pesar de su frustración y la incertidumbre acerca de cuándo y si va a recibir el resto de su dinero, al-Attar se siente agradecido. Él está abarrotado con pedidos constantes de pan fresco y shawarmas a los trabajadores y las familias en el barrio obrero de Ared Jaloul cercanos.


"Tuve que invertir el dinero, de lo contrario se hubiera perdido", dijo al empacar un sándwich de pollo asado. Usando una camiseta que dice "Mantén una actitud positiva", y una gran sonrisa dijo: "Cuando Dios quiere que se te conceda algo, te lo concede".

Él y sus 16 empleados tienen la suerte de tener trabajo en el Líbano. Hay alrededor de 1,2 millones de refugiados sirios registrados en el país, la mayoría de ellos luchando por encontrar trabajo. Sólo un tercio de todos los refugiados sirios en el Líbano tienen alguna forma de empleo, según un informe de 2014 por la Organización Internacional del Trabajo.


Al-Attar también se está acostumbrando a su nuevo estatus. Siendo una vez un vendedor ambulante en el anonimato, ahora se siente como un miembro de su comunidad. Sirios y libaneses por igual son más amables con él. "Sólo me saludan mejor ahora cuando me ven. Ellos me respetan más", dijo con una sonrisa.






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