Con Dios me acuesto, con Dios me levanto... Salmo

2016-05-12

¿Deseas tener una familia? ¿Anhelas tener un hijo? Tal vez llevas varios años intentándolo, sin resultados positivos. Quizás no te has animado aún a visitar un médico para saber si eres infértil. Pues es importante que sepas que la infertilidad es una enfermedad. A continuación te explicamos qué es la infertilidad.


En primer lugar, la infertilidad puede ser definida como la insuficiencia del organismo debido a la disfunción de los órganos reproductivos o los gametos. Una pareja es infértil cuando no llega al embarazo después de un año de vida sexual; y sin utilizar métodos anticonceptivos. También se considera que una pareja es infértil cuando ha sufrido abortos involuntarios recurrentes (más de tres consecutivos).

La infertilidad es un concepto mundialmente aceptado e incluso definido por la Organización Mundial de la Salud, por lo que cualquier decisión relacionada con ésta debe ser tomada con seriedad y reconocerse que, como enfermedad, causa mucho sufrimiento para quienes la padecen.


La infertilidad en la mujer y en el hombre


Para entender qué es la infertilidad, es fundamental tener en claro que, en el caso de la mujer, todo comienza desde su mismísimo nacimiento. En una recién nacida, cada ovario tiene un millón de folículos primordiales. Todos los meses, en cada ovario, unos veinte a treinta folículos inician su crecimiento, pero debido a la ausencia de niveles adecuados de hormonas, se degeneran y son reabsorbidos (atresia).


Es por esto que, en la pubertad, cada ovario posee solamente 100.000 ovocitos. En la adolescencia, cada mes uno de los ovarios logra hacer crecer un folículo hasta dos o tres centímetros, a lo que sigue su ovulación. En simultáneo con este ciclo, la mujer comienza sus ciclos menstruales.

Sin embargo, desde los 28 años, se produce una pérdida progresiva de la capacidad de respuesta de los folículos primordiales a los niveles hormonales. Por lo tanto, el ovario tiende a dejar de formar folículos maduros, dando lugar ―con frecuencia cada vez mayor― a folículos con ovocitos inmaduros o anormales (en la morfología y en la estructura de los genes), pudiendo incluso no ovular. Los ciclos menstruales siguen siendo en general rítmicos, independientemente del ciclo ovárico. Estas anomalías son debido a que los ovocitos han estado detenidos por varios años, lo que produce su envejecimiento.

En cambio el hombre nace con células madre en los testículos y sólo inicia la producción de espermatozoides a partir de la pubertad. Esta producción se mantiene durante toda la vida, a   pesar de que la concentración, morfología normal y movilidad de éstos tienden a disminuir con la edad, por lo general, ya fuera del período reproductivo.

Asimismo, la mujer tiene dos edades: la cronológica y la procreativa. Esta última con una calificación de muy buena hasta los 30 años, grande hasta los 32, poca entre los 33 y 35, y escasa a los 36 años. Es que la calidad de los ovocitos, es decir el contenido genético, tiene mucho que ver con la edad de la mujer, lo que no sucede tanto con el hombre.

La realidad muestra que la infertilidad se ha incrementado en los países desarrollados debido a la postergación de la edad para concebir; así como también, la existencia de múltiples parejas sexuales; los hábitos sedentarios y el consumo excesivo de grasas, tabaco, alcohol y drogas. A estos efectos debemos sumarle los productos químicos en los alimentos y en el ambiente.

Es por eso que los especialistas aconsejan a las parejas no retrasen demasiado la decisión de tener hijos, porque de existir un problema, habrá tiempo para resolverlo, ya que hay varias alternativas a considerar entre los medicamentos, la cirugía, la inseminación artificial y la recolección de las células o la búsqueda de un donante para la fertilización en el laboratorio.


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