Cuatro pasos para tener un matrimonio feliz y duradero

2020-12-30

La fe es indispensable para nuestra salvación, también hemos visto cómo la fe es un increíble y formidable don del Espíritu Santo. Además, hemos visto que no importa que nuestra fe sea diminuta, ya que igualmente podrá mover montañas, y montañas que sabemos representan nuestros problemas y obstáculos. Es decir, tener mucha fe fortalece tu relación con Dios y amor por Cristo, eso es lo más importante.

“Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible” Marcos 9:23

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos, por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”, Hebreos 11:3.

Entonces, ¿Cómo mueve nuestra fe montañas?

Cuando sabemos cuál es el problema, fracaso, enfermedad u obstáculo que constituye la montaña a mover, podemos entonces refugiarnos en la fe para así superar, vencer, destruir, derribar, hacer “desaparecer” esa montaña u obstáculo que nos impide avanzar en el camino. 

Es decir, no se trata de que te ciegues a ti mismo y evadas la realidad. Todo lo contrario, para mover la montaña tienes que primero enfrentarla. Si ignoras el hecho de que la montaña (el problema) está frente a ti, entonces no lo podrás “mover”.

Usando Mateo 17:19-21, los discípulos de Jesús se vieron impedidos de echar fuera al demonio, y luego Jesús señaló algunos factores que los obstaculizaron como la incredulidad o falta de fe.

“Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno”.

Las palabras de Jesús implican fe con compromiso, y no fe “haciendo caso omiso”. Algunos obstáculos o montañas van a requerir que tu fe sea dinámica y comprometida. Tú dirás: “Yo creo que esta montaña se moverá y para esto no tan sólo creo, sino que la enfrentó con TODOS LOS RECURSOS QUE DIOS ME HA DADO”. 

En el caso de lo que leímos arriba, los recursos eran “ayuno y oración”. En muchas circunstancias no será necesario hacer uso de “todos los recursos”, en otros casos hay que entrarle con todo. Espero que me entiendas estas palabras.

 

Teniendo en cuenta que nuestra fe es capaz de hacer cosas maravillosas, debemos entender lo que se dice en Corintios 10:4:
“porque las armas RECURSOS de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”.

En resumen, ¿qué imposibilita que se manifieste el poder de Dios en nuestras vidas?
Es nuestra incredulidad la que imposibilita el poder manifiesto de Dios en nuestras vidas y eso se debe a que nuestra falta de fe o incredulidad es el obstáculo mayor que impide que las cosas sucedan.

En otras palabras, la limitante más fuerte es que no creemos que los recursos espirituales que hemos recibido de Dios son PODEROSAS EN DIOS PARA LA DESTRUCCIÓN DE FORTALEZAS… ¿Para qué? Para destruir fortalezas, problemas, obstáculos, muros, PARA MOVER MONTAÑAS.

Pero si tienes, y claro que la tienes, una pizca de fe verdadera, podrás ver cómo el poder de Dios se manifiesta en cada paso del sendero de tu existencia. Todo esto, si de verdad crees que sirves a un Dios real, poderoso y sobrenatural.

 

Tu fe es capaz de ser efectiva eliminando obstáculos por el poder divino comprometido en la Palabra de Dios, sobre la cual la fe se adhiere.
Jesús, en todas sus enseñanzas, siempre le mostró a sus seguidores y discípulos la importancia de la fe y por qué necesitaban estar en la fe. Cada vez que sus discípulos no alcanzaban eso, preguntaba: “¿Dónde está tu fe?

“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora”Mateo 15:28

Jesús sana al siervo del centurión

En Lucas 7:1-10, después de que la multitud le escuchó entró en Capernaum, donde un siervo de un centurión estaba enfermo y a punto de morir. Esta era una persona muy querida por el centurión y, como recordarás, este hombre había escuchado de Jesús, por lo que envió a unos ancianos judíos para que le rogaran a Jesús que fuera a sanar a su siervo.

Así lo hicieron, los ancianos fueron a ver a Jesús y le dijeron: “Es digno de que le concedas esto; porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga”.

Jesús fue con ellos. Sin embargo, cuando estaban cerca de la casa casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: “Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aún me tuve por digno de venir a ti; pero di la palabra, y mi siervo será sano”.

¡Wow! Cuánta fe mostró este centurión. Pero luego, la explicación de por qué piensa que Jesús puede sanar a su siervo con tan solo una palabra suya, nos debe servir de ejemplo, pues maravilló a Jesús. El centurión dijo:

“Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo”.

Por eso, recuerda siempre, el miedo, la duda, la incredulidad y la falta de oración obstaculizan las maravillas de la fe en tu vida y siempre que muestras miedo o duda, estás diciendo: "Dios, esta situación es más grande que Tú, simplemente no puedes resolver esto", olvidando que Él es el Dios amoroso y dueño de todo lo creado.

Confiar en el buen Dios es dejarle todo a la fe, sabiendo que todo saldrá bien en el tiempo perfecto de Dios. Pero eso no significa que no debamos hacer nuestra parte, porque la fe sin obras está muerta.