2017-07-27

Sean Whalen, de Salt Lake City, Utah, Estados Unidos, nos cuenta una conmovedora historia que le ocurrió a él y a su familia hace 30 años. Ahora es un padre soltero con 3 hijos y al entrar una noche a un restaurante, recordó lo ocurrido. 

Sean Whalen conoce muy bien el dolor y el trauma causados por un amargo divorcio. Él recuerda como si fuera hoy cuando siendo un niño un día llegó a su casa y se encontró con que su padre había cambiado las herraduras. Ese mismo día había tenido una pelea desagradable con su padre, por lo que son su hermano pequeño y su madre fueron echados de su casa y quedaron a su suerte. 

Hoy en día son ha llegado a comprender la fuerza y la determinación que tuvo su madre para sacarlo a él y a su hermano adelante, contra todo pronóstico. 

Recientemente, Sean llevó a su hijo a cenar a un restaurante chino y mientras estaba en el restaurante notó algo extrañamente familiar en una camarera.

"Entre conversaciones cortas cuando recargaba la jarra de agua, tuve la sensación de que aquella madre soltera no quería estar ahí, pero estaba haciendo su mejor esfuerzo por sonreír, me rompió el corazón", escribió Sean en Facebook. 

La amable y agobiada camarera le recordó a su propia madre. En lugar de pagar su cuenta y alejarse, Sean hizo algo mucho mejor ... 


"El día que mis padres se separaron quedó grabado para siempre en mi memoria. Papá y yo habíamos tenido una gran pelea. Mi madre, mi hermano pequeño y yo nos fuimos de la casa porque papá se había vuelto loco. Esa noche nos alojamos en un hotel.

Cuando volvimos al día siguiente mi padre había cambiado las cerraduras.
Vi a mi madre suplicarle a través de la puerta que nos dejará entrar para agarrar algo de ropa, etc. No lo hizo. Tuvimos que volver más tarde ese día con una escolta policial.

"Nunca olvidaré cuando los policías me entregaron una bolsa de basura negra y me dijeron que tenía 10 minutos para tomar lo necesario.

Cargué toda la ropa que pude meter en la bolsa, y esa fue la última vez que puse un pie en la casa en la que me crié. 

Dejé mis trofeos de béisbol, mis 10.000 tarjetas de béisbol, todas mis cosas. Dejé hasta mi mascota, una tortuga. 

Nos mudamos a un pequeño con dominio y no teníamos nada. La gente de la iglesia nos trajo vasijas, sartenes, sillones, camas y comida.

Mi padre retiro todo el dinero del banco y, literalmente, dejó a mi madre solo con el dinero que tenía en el bolsillo. Yo no podía hacer nada.

No teníamos familia a quién recurrir. Ningún otro apoyo, salvo los extraños de la iglesia.

'Todavía hoy no sé cómo lo hizo. No tengo  idea de cómo no tiró la toalla a veces', piensa Sean.

Recuerdo vividamente pasar por su habitación incontables noches viéndola de rodillas rezando. Solo puedo comprender cómo fueron esas conversaciones entre ella y Dios. Sólo puedo imaginar la cantidad de lágrimas que derramó el rostro de esta dulce mujer mientras ella le rogaba a Dios por un descanso.

He sentido un dolor intenso en mi día. He cuestionado muchas cosas, pero esta madre soltera con dos chicos nunca se rindió. Nunca, ni una vez se rindió.

"Sólo comencé a darme cuenta de lo que mamá pasó por trabajar en múltiples trabajos cuando me convertí en padre soltero. Nunca comprendí, cuándo era más joven, la rutina y el esfuerzo que ella puso solo en mí y en mi pequeño hermano.


Ella hizo todo lo posible para que mi hermano y yo tuviéramos todo lo que siempre quisimos.Pero ella trabajaba como un hombre... Difícil".

Esta noche, cuando mi hijo y yo nos sentamos en este pequeño restaurante chino, loco que amamos, me di cuenta de que había una nueva camarera. Destacaba mucho: los dueños son chinos, los empleados, chinos; y esta camarera era una pequeña mujer occidental. Ella era absolutamente fantástica y no paraba de hacerle cumplidos a mi hijo y sus modales. Cenamos, charlamos un poco en aquellas ocasiones en que nos rellenaba el agua, y tuve la impresión de que esta madre soltera no quería estar allí, pero tenía que estar; por lo que hacía lo que podía por sonreír. Me partió el corazón.

Pensé en mi madre, y vi el mismo ajetreo en esta mujer que veía en mi mamá, una madre soltera.Tal vez por elección, tal vez no".

"Pero trabajaba en un miércoles por la noche para asegurarse de poner comida en la mesa y zapatos en los pies de sus niños. No por opulencia, no para estatus, sino por vivir; para darle a sus hijos las cosas que les harán sonreír. La entendí, sentí su dolor. No puedo ni imaginar lo difícil que puede ser para algunas madres.

Yo empaticé con ella. Sentí su dolor... Seguí pensando en mi madre y en lo difícil que es para una mujer soltera ser el sostén de la familia y un ama de casa. Ni siquiera puedo empezar a entender lo que debe ser para algunas mamás.

Sé que mi propina no le pagará el alquiler. Sé que mi propina no pagará la ortodoncia de sus niños. Sé que mi propina no mantendrá su nevera llena. Pero esperaba que esa noche de alguna manera pudiera poner una sonrisa en su rostro, y que ella pudiera regresar a casa con sus bebés, más feliz que cuando los dejó. 

No conozco toda su historia. No necesito hacerlo. Pensé que quizás alguna noche alguien hizo esto por mi madre y la ayudó a no rendirse.

He sido bendecido enormemente en mi vida, y mi madre me enseñó a ser persistente. Me enseñó a recuperarme, y el valor que tienen el trabajo y el esfuerzo. Espero que este pequeño gesto le alegre un poco la vida y ayude mañana a seguir librando sus batallas.

A todas las madres solteras que luchan día a día les doy mis respetos. Son maravillosas y sus hijos aprenderán de su esfuerzo. Ellos las observan, tal y como yo observé a mi madre.

Mamá, te quiero. Eres mi heroína”.


Las palabras de Sean han conmovido a millones de personas en Facebook, porque no solo es una declaración de amor para su madre, sino que también muestra respeto a todas las madres del mundo. Si estás de acuerdo, comparte esta historia.

OTROS ESTÁN LEYENDO:

9 consejos para reconciliarte con tu pareja después de una pelea ¡funcionan!
Tu Cabello Crecerá Descontroladamente Si Aplicas Este Remedio, 100% Libre De Caspa
El emotivo encuentro entre una paciente y su enfermera 38 años después