Un ángel cae en un centro comercial en Indonesia

2021-01-15

Comprender la naturaleza de Dios es esencial y la desinformación nos lleva directamente al fanatismo o la idolatría.  Si no conocemos al Dios que disfrutamos, en el que encontramos gozo y nos deleitamos ¡podemos terminar disfrutando del Dios equivocado!

Sin embargo, nunca conoceremos del todo a Dios, es imposible. Declarar la gloria de Dios a los demás también es importante, pero de nuevo, hay algo aún más fundamental en nuestra existencia y se basa en la simple admiración amorosa, apasionada y gozosa de Dios, ya que allí radica la esencia de la verdadera espiritualidad.

Es decir, debemos glorificar a Dios y ser felices en Él y en lo que Dios ha hecho en nosotros en su amado Hijo, Jesús.

Entonces, allí está la razón de ser cristianos:  disfrutar y regocijarnos en la revelación de la belleza divina para que Cristo se convierta en nuestra pasión más importante.

La felicidad es el alma entera descansando en Dios y regocijándose de que un Ser tan hermoso y glorioso sea nuestro Padre.

Cuando hablamos de felicidad, deleite o gozos humanos, no estamos hablando de comodidad física o estabilidad emocional, ausencia de conflicto o gratificación sexual o cualquier logro terrenal o temporal. Eso no quiere decir que esas cosas sean intrínsecamente incorrectas, pero nos equivocamos garrafalmente si las mismas se vuelven fundamentales para la felicidad humana.

En otras palabras:

  • La felicidad a la que estamos destinados eternamente es un estado del alma en el que experimentamos y expresamos un éxtasis infinito en Dios.
  • La felicidad es el alma entera descansando en Dios y regocijándose de que un Ser tan hermoso y glorioso nos ame y sea nuestro.
  • "La felicidad es el privilegio de ser habilitado por la gracia de Dios para disfrutar haciendo mucho de él para siempre” (Piper). Me refiero al inefable e interminable placer de la unión dichosa y la celebración gozosa del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este es un gozo de una calidad tan trascendente que ninguna persecución, dolor o privación puede disminuirlo; ni la riqueza, el éxito o la prosperidad pueden aumentar. Es lo que Pablo tenía en mente en Filipenses 4:11 cuando habló de una satisfacción en Cristo que estaba más allá del alcance de la adversidad o la abundancia.