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2020-11-10
La paciencia viene de Dios

Dios nos tiene paciencia y además, Él siempre nos da paciencia (y oportunidades para practicar la paciencia).

Por lo general, vemos en la biblia que las cosas que realmente nos traen bendición y crecimiento son aquellas cosas que requieren que ejercitemos la paciencia. Muchos nacemos con un carácter “paciente”, por naturaleza, pero, hay situaciones en la vida en las cuales esa paciencia “de nacimiento”, no sirve para mucho.

Veamos, por ejemplo, el caso de José.

Génesis 37-50 cuenta la historia de José (el famoso soñador).

Dios le dio el Don de la paciencia y la perseverancia a José, pero sinceramente no creemos que fue un don que recibió de manera “automática” sino que tuvo que soportar muchas cosas terribles, entre ellas, el ser vendido como esclavo por sus propios hermanos, casi nada.

Años después fue encarcelado porque la esposa de Potifar mintió y dijo que la había atacado. Tuvo que esperar otros dos años en prisión porque el principal copero del faraón se olvidó de usar su influencia con el faraón para sacar a José de su oscura prisión.

José fue finalmente perdonado y nombrado gobernante de Egipto. Pero luego, tuvo que “tragarse” su necesidad de venganza cuando sus hermanos vinieron en busca de ayuda durante la gran hambruna.

Finalmente, José aprendió que el perdón es mejor que la venganza porque al perdonar sana nuestro corazón. Nuestro bondadoso, Todopoderoso y Divino Dios, es el único que realmente puede hacer justicia. José entendió lo que la gente le hacía no importaba en el esquema su vida porque Dios lo hizo por su bien.

Busca recordar un momento de tu pasado en donde algo no te pareció justo o correcto. En retrospectiva seguramente podrás ver como Dios te ayudó a superar ese evento. Dios, al utilizar ese evento en donde te llenaste de angustia y miedo te llevo por el camino que llegaba a un buen final.

 

Dios provee y siempre cubre nuestras necesidades básicas

En el Éxodo 16 se narra cómo, un mes después de salir de Egipto, los israelitas carecían de la buena comida que había comido con anterioridad.

El árido desierto que atravesaban no les proporcionaba comida. El Señor escuchó el clamor de los israelitas y Él hizo que lloviera maná, una golosina dulce como una oblea y, todas las mañanas y cada noche se les proporcionó codornices.

Él se preocupa por nuestras necesidades y nuestras provisiones diarias.

¿Por qué preocuparnos por el alimento o la bebida o por nuestras vestimentas? Él conoce bien lo que necesitamos y anhela proporcionarnos de todo aquello que precisamos para vivir.

Claro está que eso no significa que no tengamos que trabajar, sino mas bien, que trabajemos por vocación y por un empeño de ser útiles y dar un buen ejemplo a nuestros seres amados, sabiendo que Dios va a bendecir el fruto de nuestra manos y nos va a proveer, el trabajo, el salario, y va a multiplicar el fruto de nuestra labor.

Agradece siempre, cada día, por tu alimento, por tu hogar y por tu vestido porque todo eso viene de la bondad de Dios.

Dios provee para satisfacer nuestros anhelos.

Samuel 1 nos relata la historia de Ana. No pudo tener hijos con su esposo.

Un día fue al Tabernáculo y oró con tanto fervor por un bebé que el sacerdote pensó que estaba ebria.

Pero la verdad, es que ella solo estaba derramando su corazón hacia su Señor. El sacerdote estuvo de acuerdo con Ana en oración para que su solicitud fuera escuchada y respondida.

Y a su debido tiempo, Ana dio a luz a un hijo llamado Samuel, que significa "Yo le pedí al Señor por él". El Señor no solo satisface nuestras necesidades. A veces también nos proporciona los anhelos más profundos de nuestro corazón. nuestro Dios pone algunos deseos dentro de tu corazón y cuando oras por lo que quieres, si  Él lo quiere, lo hará realidad para ti.

 

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