Dios es mi escudo, no temeré, no seré cobarde, no desmayaré

2020-11-09

En la época del Rey David, ser soldado implicaba equiparse con una armadura defensiva que consistía en un casco y otras protecciones para así poder protegerse de los ataques enemigos.

La protección fundamental y final necesaria era el escudo, el cual se sostenía de manera de evitar cualquier mal.

David compara el hecho de llevar un escudo fuerte antes las batallas con pedirle a Dios que siempre nos acompañe mientras enfrentamos todas las luchas en nuestra vida.

David no es el primero en hablar del escudo de Dios.

También lo hizo Moisés quien registro las palabras de Dios en una visión que tuvo Abraham: “No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (Génesis 15:1)

Y también, el mismo Moisés, usó estas palabras cuando habló de las bendiciones sobre las tribus de Israel:

Bienaventurado tú, oh Israel. ¿Quién como tú, Pueblo salvo por Dios, Escudo de tu socorro, Y espada de tu triunfo? Así que tus enemigos serán humillados, Y tú hollarás sobre sus alturas (Deuteronomio 33:29).

Esta imagen tan clara de Dios revela una verdad desafiante y contundente:

Dios está más interesado en hacer crecer nuestro carácter que en darnos una vida perfecta.

Por lo tanto, a menudo nos deja en momentos de dificultades, utilizando situaciones y problemas que nos ayudan a crecer, tener fuerzas renovadas y madurar.

Pero, al entrar en nuestra batalla, por grande o pequeña que sea, Dios promete protegernos.

Él cubre nuestros corazones y mentes de los ataques que lanza el enemigo mientras nos fortalece para mantenernos firmes y a salvo.

Algunas de las traducciones de la Biblia usan un lenguaje o estilo interesante para expresar este Salmo.

"Dios es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Dios es la fuerza de mi vida; ¿de quién tendré miedo?" (Versión estándar americana).

Esta traducción igualmente, refleja la relación íntima de David con Dios.

"Tú, Señor, eres la luz que me mantiene a salvo. No tengo miedo de nadie. Tú me proteges, y yo no tengo miedos" (Versión en inglés contemporáneo).

Al personalizar las Escrituras se puede agregar riqueza a un pasaje.

 Esta traducción toma los sentimientos de David y se los comunica directamente a Dios. De modo que su lectura, especialmente en voz alta, se convierte en un momento especial de oración.

"Luz, espacio, entusiasmo, ¡ese es Dios! Así que, con El de mi lado, soy valiente, no le temo a nadie ni a nada" (El Mensaje).

El Mensaje tiene una reformulación muy poética del verso. Las tres palabras utilizadas en la línea de apertura - luz (brillo), espacio (expansión) y entusiasmo (gusto) reflejan e  imparten la plenitud de Dios.

La conclusión es que, si tenemos todo eso en nuestro corazón y nuestra alma, entonces el miedo no tendrá cabida dentro de nosotros.

Tendremos un espíritu firme y despreocupado al enfrentar todos los desafíos de la vida.

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