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Explicó que muchos murieron en prisión y que todos estuvieron al borde de la muerte debido al hambre y los malos tratos de los guardias de la prisión.

COREA DEL NORTE. - Los sobrevivientes cristianos de los campos de prisioneros en Corea del Norte describieron la horrorosa y agonizante tortura que padecieron. Revelaron que fueron forzados a entrar en jaulas diminutas donde no podían acostarse o levantarse. También testificaron que los guardias obligaron a un prisionero a matar a un bebé como una tortura, pues sabían que esto iba en contra de los principios del cristianismo.

Una mujer cristiana, conocida con el nombre de Hea Woo (nombre ficticio para proteger su identidad), dijo al US Open Doors que su hija murió de hambre en 1997 en medio de la hambruna de Corea del Norte.

Su marido huyó más tarde a China, donde se hizo cristiano, pero fue capturado y enviado a un campo de prisioneros de Corea del Norte, donde murió.

Al igual que su esposo, Woo también huyó a China con la esperanza de escapar, pero fue capturada y devuelta a Corea del Norte, donde fue internada inmediatamente en un campo de prisioneros. Recordó con mucho dolor muchas de las historias perturbadoras de las torturas a las que fue sometida.


"Dentro de una prisión en Corea del Norte hay diferentes sectores de trabajo", dijo la mujer. "Algunos se dedicaban a la agricultura, otros a la construcción, otros a la minería; hombres y mujeres estaban separados, todos los presos parecían estar a punto de desmayarse, estaban desesperados", explicó.

Además, tenían hambre. A una persona le dieron un puñado de maíz podrido y no había nada más que comer. Teníamos una especie de sopa aguada, pero ni siquiera parecía una sopa. Comimos de eso durante todo el año. No teníamos nada más, subrayó.

Los prisioneros no sólo fueron obligados a trabajar, sino que tuvieron que trabajar en condiciones extremas, lo que los llevó a la muerte. "Había un grupo separado compuesto sólo por personas que intentaban escapar de la cárcel. Esa gente tenía que llevar cuencos llenos de heces", cuenta Woo con horror.

"Los contenedores estaban hechos de madera gruesa y eran tan pesados que hasta dos personas tenían dificultades para cargarlos. Todos los días, sin importar el clima, a pesar de las fuertes lluvias y nevadas, no se les permitía tomar descansos. Eso realmente amenazaba la salud de las personas, ese olor a heces hacía que el aire pareciese venenoso", describió.

Explicó que muchos murieron en prisión y que todos estuvieron al borde de la muerte debido al hambre y los malos tratos por parte de los guardias de la prisión. Woo cuenta que los prisioneros estaban muertos del hambre, ya que casi no recibían nada para comer.

“Cuando las vacas pasaban y defecaban, la gente buscaba granos de maíz en el excremento y los tomaba para comer”, recuerda. Hannah. 

Otra prisionera cristiana, confirmó el relato de Woo. En el mismo artículo ella también explica como los seguidores de Cristo eran colocados en jaulas tan pequeñas y eran aislados de los demás, incapaces de levantarse o incluso de acostarse.

Hannah también recordó: "Nos separaron por sexo, mi hija y yo fuimos colocadas en el ala femenina y mi esposo e hijo, que era sólo un adolescente, en una celda con hombres, poco después de entrar al campo, vimos a los guardias obligar a un prisionero a matar a un bebé".

"Casi todos los días, nos llamaban a todos para interrogarnos y preguntarnos cosas. Ellos nos pegaban tan fuerte. Cuando no teníamos interrogatorio, debíamos arrodillarnos en nuestras celdas de 5 a.m. a 12 p.m. y no podíamos hablar", recordó la mujer con mucha tristeza.

Woo agregó que lo más difícil para ella no era la brutalidad física con la que era tratada, sino no que no tenía libertad para orar a Dios. "No podíamos orar libremente, pero todavía oraba en mi corazón, cuando la gente dormía, me despertaba para orar, era tan desafortunada que no teníamos libertad de fe, realmente anhelaba la libertad", dijo.

En los casos en que podía orar, Woo oraba no sólo por sí misma, sino por toda la iglesia clandestina que es perseguida y asesinada por su fe.

 
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