2020-12-08

¿Puede un cristiano deprimirse? Claro que sí, somos humanos. Para algunos es difícil de creer que una persona que sigue a Jesús se deprima. Lo cierto es que, no importa el tiempo que tengas siguiéndolo, a veces tenemos un tremendo bajón. 

Y es que nos suceden cosas que nos sacan del enfoque y dejamos de mirar hacia la cruz. Dios parece estar distante y por mucho que tratemos, no logramos salir de nuestra depresión espiritual porque, ciertamente, podemos llegar a sentir que Dios no está con nosotros.

Pero ¿qué dice la Biblia sobre la depresión espiritual? ¿Podemos salir de ella?

Antes de continuar con este tema tan común (mucho más de lo que imaginas), establezcamos qué causa una depresión espiritual.

Causas de una depresión espiritual

Lo primero que tienes que saber es que no todas las depresiones espirituales son iguales. Por ejemplo, estás batallando con alguna enfermedad relacionada con la salud mental (depresión o ansiedad) puede también entrar en una depresión espiritual, lo que complicaría aún más su cuadro clínico.

Esta puede llegar, por lo general, cuando atravesamos una prueba: perder un ser querido, una relación o un trabajo puede propiciar la aparición de la depresión espiritual.


Es cuando caemos bajo que comenzamos a cuestionar nuestra creencia en Dios. Nos preguntamos por qué, si le servimos, permite que nos pasen estas cosas tan malas.

No obstante, algunos caen en depresión espiritual con tan solo ver las noticias o ver cómo les va mal a otros creyentes o cómo estos se apartan de la iglesia.

Son tantos los factores que podrían desencadenar una depresión espiritual. Otro desencadenante puede ser el pecado. Si has elegido vivir en pecado, sabes que esto te alejará de Dios. Los efectos de esta división entre tus malas acciones y la santidad de Dios se siente muy fuerte, al punto de causar depresión.

La lista es larga. Pero ¿qué dice la Biblia al respecto?

La Biblia está repleta de historias de personas que clamaron a Dios con desesperación, víctimas de una depresión espiritual. Por ejemplo, David frecuentemente clamaba a Dios cuando se encontraba en una depresión espiritual. Podemos ver esto en Los Salmos.

Con angustia David le pregunta a Dios ¿dónde estás y por qué permites que me ocurriera el mal.

Por otro lado, Job en Job 7:16. uno de las referencias bíblicas más citadas, después de recibir las embestidas de Satanás, deseó incluso que Dios le quitara la vida, con el fin de librarse de su miseria.

Asimismo, Elías, jueces, patriarcas y profetas cayeron en una depresión espiritual como resultado de una serie de eventos incontrolables que pasaron en sus vidas.

Veamos un ejemplo de alguien con depresión espiritual, que clama a gritos al Señor:

"¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?
    ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma,
Con tristezas en mi corazón cada día?
¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?
Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío;
Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte; Para que no diga mi enemigo: Lo vencí.
Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara. Mas yo en tu misericordia he confiado;
Mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová,
Porque me ha hecho bien".
Salmo 13:1-6

Aunque en la Biblia no esté la definición de "depresión espiritual" podemos ver en estos versículos cómo David está luchando.

¿Cómo salir de una depresión espiritual?



Práctica la gratitud

El poder de la gratitud es increíble. "Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús" (1 Tesalonicenses 5:18).


Como podrás ver, se nos pide que demos gracias en toda circunstancia.

Aunque no sientas deseos ni de bañarse ni peinarse ni salir a trabajar ni nada de nada, agradeceré hasta por las cosas más pequeñas te ayudará a reprogramar tu cerebro. 

Otro beneficio de la gratitud es que nos recuerda a cada momento que, aunque nuestro mundo se nos viene encima, Dios nos ha dado muchas bendiciones, y que, a pesar de todo, Él no nos ha abandonado.

Por otro lado, la gratitud nos levanta el ánimo. Por lo que ahora mismo deberías ir corriendo a alabar y dar gracias a Dios por todo lo que ha hecho por ti.

Servir a los demás


Una de las mejores formas de combatir la depresión espiritual, aunque puede parecer contradictorio, es sirviendo a los demás.

"En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir "(Hechos 20:35).

Servir es precisamente la verdadera razón por la que seguimos a Jesús: Llevar el evangelio y seguir a Jesús. Sin embargo, una depresión espiritual puede distorsionar nuestro propósito. Además, ver cómo Dios transforma la vida de otros es un aliciente.

Únase ahora más que nunca a sus hermanos en fe

Luchamos cada día con los problemas. Algunos de ellos podemos controlarlos, pero otros están fuera de nuestro control, como la pandemia o alguna enfermedad o la angustiosa pérdida de un ser querido. 

Asimismo, ahora estamos obligados a relacionarnos de una forma en la que no nos gusta mucho. Imagina que usas la computadora todo el día, y, al terminar la jornada lo que quieres es apagarla y desconectarte por completo. Sin embargo, tenemos una reunión por Zoom en la noche para orar o estar “presentes” en algún tipo de estudio bíblico o servicio, lo cual a algunos de nosotros nos provoca fatiga.

No obstante, muchos de nosotros dejamos de asistir a los servicios religiosos en meses, utilizando algún que otro pretexto.

En fin, “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca”, Hebreos 10:25. 

Recuerde:
No estás solo, sola, la mayoría de los cristianos experimentan una depresión espiritual. Sin embargo, solo Dios hace al hombre feliz. Puede hacerte su hijo, su hija con tan solo aceptar a Jesús como tu Señor y salvador. Él tiene el poder para sanarte ahora, si se lo pides.

Oremos:
Jesús, gracias por este mensaje de liberación. Gracias porque en ti puedo encontrar ese apoyo sobrenatural que tanto necesito. Perdona mis pecados y, por tu sangre, sana mi depresión.

Gracias, Señor, por ser mi salvador. Ayúdame a caminar en esta vida, dame sabiduría y las herramientas necesarias para salir victorioso (victoriosa) de este mal y, permíteme ser un testimonio de tu salvación para ayudar a otros que están sufriendo como yo…

¡Amén!