2020-12-01

Amar y desear ser amado por Dios no es posible describirlo en pocas palabras. Nuestra relación con Dios es única, por tanto, la forma en que mantenemos ese lazo con nuestro Padre es a través de la oración, la adoración y alabanza de Su Santo nombre. .

La oración es una comunión con el Todopoderoso. En ocasiones cometemos el error de visualizar la oración como un chat: yo le escribo a Dios y cuando le sea posible Él responde, mi mensaje. No, nada de esto. La oración es entrar en la presencia de nuestro Señor, reconociendo que solo creyendo en la salvación de Cristo podemos acercarnos al Padre.

Es el momento en que el Espíritu de Dios que mora en ti, la misma esencia del Creador se une con Él.  Esto también pasa cuando alabamos y adoramos a nuestro Señor con todo el corazón. 


Motivos por el cual amamos enloquecidamente a Dios:


Dios nos amó primero.

“Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16).

El Padre de la creación es amor, todo cuanto fue creado se hizo con amor. Amar a  Dios sobre todas las cosas es el primer mandamiento y el más importante de todos. El que ama es porque ha conocido a Dios. 


El amor no puede ser descrito solo como un sentimiento o emoción. Cuando vamos a 1 Corintios 13; vemos que se manifiesta en acciones y estas acciones no son las comunes acciones de las novelas y las películas. El amor verdadero no es el que da rosas o paseos en la playa, y mucho menos hace melodramas.

El amor de Cristo es así (1 Corintios 13:4-7):

“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor.  El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Dios te ama y te protege.

“El Señor ama  a los que odian el mal; él protege la vida de sus fieles, y los libra de manos de los impíos” (Salmos 97:10).

Dios jamás abandona a Sus hijos obedientes. Si obedeces los  mandamientos de Dios y eres fiel a Él es porque lo amas; y Dios te bendecirá porque haces estas cosas para glorificarlo y alabarlo como el Rey de reyes.  

“¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a él” (1 Juan 3:1)

A diario nos encontraremos con personas que  no aman a Dios, que no tienen amor, y al no comprender que es el verdadero amor manifiestan odio a los hijos de Dios. Ese rechazo y presión no es algo que podamos controlar, ellos decidieron no amar como Dios ama, pero no te preocupes porque tu Dios te protegerá de las manos del enemigo. Él te ama


Amar a tu prójimo es también   amar a Dios.



Dios nos ha mandado a amar a nuestros prójimos, es decir, a todos incluyendo a nuestros enemigos y a los que no conocen de Su amor.  Amar al prójimo no significa amar su pecado y aceptar las cosas malas que hace, debemos ser fieles a la Palabra y seguir Sus estatutos, esto es de agrado para nuestro Dios.

Ama y respeta a las personas porque es un mandamiento, pero odia el pecado y aléjate de él lo más que puedas para que en tu obediencia de amor seas bendecido por Dios y glorifiques Su Santo nombre. 

El Señor se manifiesta en el amor entre Sus hijos. Ese es otro motivo por el cual enloquecemos por la gracia y amor de Dios en nuestras vidas, el amor fraternal glorifica a Dios.

“Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente” (Romanos 12:10).


Dios desea que todos los pueblos y naciones conozcan de Su amor. Fuimos creados para adorar a Dios, para amarlo, pero nuestro amor fue distorsionado por el pecado. Ahora el hombre ama por beneficios y placeres carnales, ya no ama con ese dulce amor de Dios. 

Pero no todo está hecho a perder. Vuélvete a tu Padre, amalo y encontrarás grandes sorpresas en tu vida. Comprenderás qué es y quién es el verdadero amor.