2020-12-08

La bondad es un hermoso atributo, una mezcla de amor y empatía hacia los demás.Vivir bondadosamente es obedecer al segundo mandamiento: Ama a tu prójimo como a ti mismo.

¿Qué tanto nos amamos a nosotros mismos?  Cuando vivimos para Cristo comprendemos que quienes somos, lo que sentimos y cómo actuamos deben ir dirigidas a la gloria de Dios, no a la de nosotros. Por lo tanto, la frase  “Amamos a nosotros mismos” cambia a un significado más fuerte, incluyendo: “Amar lo que Cristo hace en nosotros”.  

Cuando rechazamos lo que Jesús hizo en la cruz del Calvario  rechazamos el Espíritu Santo que mora en nosotros. No podemos alimentar al pecado y alimentar al Espíritu al mismo tiempo, lo correcto es alimentar y hacer crecer al Espíritu de Dios que mora en nosotros y dejar morir todo deseo pecaminoso.  

La bondad no  inicia con las buenas acciones, sino en el corazón y si no ha sido sellado por la sangre preciosa de Jesucristo, veras la bondad sólo la como un acto moral, no como el amor de Dios entre sus fieles.

“No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención.  Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”, Efesios 4: 30-32.


3 acciones que debemos cultivar para  ser bondadosos en el Espíritu:




Abandona vivir en el pecado.

No vivir para el pecado es rechazar todo deseo de la carne y hacer morir esos pecados en tu corazón. Es cierto que tenemos una naturaleza pecaminosa, pero también es cierto que Cristo padeció para darnos la naturaleza de Su Espíritu, somos llamados a ser santos en Él. 
Ya no andamos en las tinieblas, ahora somos llamados a ser hijos de luz.

Ser un hijo de Dios no es un título universitario o una carta de buena conducta, es un cambio radical a la cosmovisión de la vida, no es algo que se añade a tu rutina diaria es algo que te transforma por completo, te da un nuevo entendimiento y una nueva razón de ser: Vivir para la gloria de Dios.

El Señor dice: «Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti» Salmo 32:8.

Vive en el Espíritu Santo de Dios.


¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. 1 Corintios 6:19-20


Dónde está el Espíritu del Padre hay libertad, Su presencia nos santifica. Mantener una comunión con Dios es vivir en el Espíritu y para ello debemos:

Orar:  Acercarnos al Padre, invocar e ir a la fuente de la santidad. Es un momento especial y único en el que tenemos la oportunidad de hablar con el Gran Yo Soy.
Adorar: Adorar a Dios es más que cantar una alabanza, es derramar tu corazón y gozarte en la presencia de nuestro Señor.  
Andar en el Espíritu: Compartir  con los demás el amor de Dios.


Ama como Jesús te ama:

No podemos ser igual que Jesús, pero Él nos llama a imitarlo. Obedecer los mandamientos de Dios es permanecer en Su amor. 

“Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor” Juan 15:9. 

La bondad proviene del amor del Padre y se manifiesta en Sus hijos para el engrandecimiento de Su nombre. El engrandecimiento de Su amor en nosotros.