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Hierro de una cazuela

Dice el salmo 91 que podemos habitar bajo el abrigo del altísimo, de Dios, tu padre, mi padre, quien nos protege y nos atrae hacia el con su magnífica gracia y con la dulzura de su amor.

Mientras sigamos comparando a Dios con nuestros padres terrenales jamás tendremos una idea clara de que tan grande e infinito es el amor del creador del universo para nosotros.


Dios nos perdona, Dios se olvida de nuestros pecados. Dios nos busca cuando nos alejamos, Dios no nos grita, ni nos regana con palabras hirientes. No todos tuvimos padres terrenales que nos castigaban ya sea con golpes o palabras duras, y aquellos que si sufrieron castigo físico son quienes a veces anhelan el amor de Dios con toda su alma, pero temen acercarse por creer falsamente que no serán aceptados por Dios.

Aquellos que tuvimos padres buenos, sabemos recibir el amor de Dios, pero aun así nuestra limitada mente no puede comprender porque Dios nos ama tanto. Claro, él nos ama tanto que nos va a disciplinar y en esos momentos podemos sentirnos “castigados” o “solos, abandonados”, pero no lo estamos. No lo estamos.

Te lo repito: Tú no estás solo, y si has cometido algún grave pecado, ofensa a Dios o a tu prójimo, o inclusive un crimen, es verdad que tendrás que sufrir las consecuencias, pero también es verdad que no por lo que hayas hecho Dios te ha dejado de amar.

Si estás leyendo estas palabras, esto es una señal de que Dios te está buscando para lavar tus pecados, arrancar tus maldades, y crear en ti un nuevo corazón.

Yo oro a Dios para que él te revele la grandeza de su amor por ti y que tu regreses a Él.

Por favor envía este escrito a un amigo o amiga que necesita el amor de Dios.

Hierro de una cazuela

La más grande manifestación de nuestra soberbia humana es no creer ni confiar en Dios. Nos creemos mas sabios e inteligentes que el creador del cielo y la tierra.

Esto es aún más grave cuando decimos que "creemos" en El.  Muchos decimos también que no solo hay que creer en El, sino también debemos creerle a Él.

Si amamos su palabra y nos alimentamos de ella, conocemos entonces las promesas de Dios. Y si decimos que son “promesas’ entonces deberíamos de creerlas. No estamos recibiendo una promesa de un humano. 

A veces confiamos más en mujeres y hombres que fallan, y de seguro tarde o temprano “nos fallaran”, y no podemos creerle al creador del universo que nos ha prometido todas las cosas en Cristo Jesús. Yo menti, tu mentiste, aquel mintió, ella mintio, todos mentimos, y asi podemos conjugar el verbo mentir aplicandolo a cada ser humano que existe y ha existido en esta tierra. Pero Dios no miente, ni se arrepiente de habernos dado sus promesas.

Mira: Salvación, sanidad, protección, seguridad, provisión, paz, tranquilidad, un futuro de bendición para ti y para tu familia, son tan solo unas pocas de las muchísimas promesas de Dios para ti.

Si le creemos a Dios, lo más lógico sería someternos a Él y encomendar, entregar, darle a él las riendas de nuestra vida y que sea El quien nos guie en nuestro camino, en todo lo que hacemos.

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