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Descubre cómo también tú puedes curarte con algo que probablemente ya tienes en tu cocina.

Las alergias alimentarias son una respuesta exagerada de nuestro sistema inmunológico debido al consumo de un alimento en particular. La respuesta normal del sistema inmune ante los alimentos es tolerarlos. No obstante, en algunos casos genera una respuesta alterada que puede provocar que, cuando las personas consuman determinados tipos de alimentos se desencadenen efectos nocivos y reacciones por parte del sistema inmunológico, lo que dará lugar a las alergias alimentarias.

Los médicos diagnostican cada vez más alergias alimentarias, sobre todo en niños. Las personas pueden ser alérgicas a cualquier alimento. Sin embargo, los siguientes ocho alérgenos explican la mayoría de las alergias alimentarias: huevos, leche, soja, cacahuates, trigo, frutos secos (nueces y anacardos), pescado o cualquier tipo de marisco como las gambas.

Aunque algunos niños pequeños que padecen alergias alimentarias terminan superando esto cuando crecen, aunque no sea siempre así, en gran medida depende de determinar qué alimento nos provoca la alergia. Sin embargo, ¿qué pasa cuando todo o casi todo nos provoca alergias? Pues esta mamá descubrió la cura para las alergias alimentarias de su hija.

En el 2002 Donna Schwenk estaba desesperada. Donna es una madre como cualquier otra y en ese tiempo se encontraba luchando contra algo que padecía su hija. Ella sabía que lo que ella tenía no era normal. 

Su hija Maci en ese tiempo tenía sólo 16 años, pero en el último año había desarrollado una terrible intolerancia a diferentes alimentos que iban desde la leche hasta el maíz. Schwenk ya no sabía qué hacer o a quién acudir para devolverle la salud a su hija, pues como ya usted sabe, una persona que sea alérgica a casi todo, pues es difícil lograr una buena nutrición.

"Recuerdo la mañana en que le pregunté cómo se sentía y su respuesta fue:"¡Terrible!". Me dijo que nunca se sentía bien, que todo lo que comía hacía que le doliera el estómago.

A pesar de que su hija siempre había sido una chica saludable, en un momento de su vida poco quedaba de la chica alegre que Maci fue. Los doctores no tenían respuestas y ningún tratamiento parecía tener resultado.

Donna Schwenk se dio cuenta de que debía hacer algo al respecto cuando una mañana se sentó a tomar desayuno con su hija y la vio como nunca antes: consumía sus alimentos con mucha dificultad.

La esperada respuesta vino de una conocida, a quien consideraba una eminencia en temas de salud. Su respuesta fue breve pero concisa:


“Los alimentos fermentados ayudan con la digestión. Eso es algo que deberías darle a tu hija”.


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