10 fotos misteriosas que aún no tienen explicación

El matrimonio de Karla se había enfriado desde hacía varios meses, poco a poco. Conflictos entre Roberto su esposo y la familia de Karla habían causado distanciamientos entre ellos. Constantemente, se iban a dormir enojados, y casi siempre la raíz del problema eran las constantes intrusiones de los familiares de Karla en su matrimonio.  

Miren, Karla venia de una familia adinerada. Roberto era empleado del papá de Karla, y fue así como la conoció, se enamoraron y se casaron. Aunque antes de casarse, Roberto renunció al empleo en la empresa y se fue a trabajar por su cuenta, vendiendo productos similares a los que vendía cuando trabajaba con la familia de Karla.

Eso hizo que el papá de Karla se enfureciera. En vez de entender el deseo de independencia del joven, su anhelo de no depender de los papás de Karla, en cierta manera, ya que, siendo empleado de ellos era como ser esclavo, según el mismo nos cuenta.

La familia de Karla pensaba de sí mismos que eran superiores en todo a Roberto. Según ellos, Karla no debió haberse casado con él, y además estaba criando de una manera muy baja a su primer hijo. Estas cositas y muchas más eran sacadas a la luz de una u otra manera cuando Roberto tenía algún tipo de roce con la familia. Para él, era un infierno, y Karla, aunque se decía al 1000% enamorada de Roberto, en realidad no se ponía de su lado cuando era criticado o atacado. Karla casi siempre les daba la razón a sus padres.

El distanciamiento creció hasta el grado que ya casi no había intimidad entre ellos. Tal vez una o dos veces a la semana, a veces ni eso. Karla empezó a sospechar que Roberto tal vez salía con otra mujer, pequeños detalles íntimos le hacían sospechar. Roberto empezó a lavar su ropa interior, se bañaba inmediatamente al llegar a la casa, y a veces llegaba muy noche, y perdió el interés en tener una mejor vida sexual con Karla. Aunque su relación con su hijo no cambió, pero a veces no lo veía en todo el día porque el niño ya estaba dormido cuando Roberto llegaba.

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Un miércoles Karla recibió la llamada de una amiga y esta le comentó que juraba que había visto a Roberto con una chica dominicana muy linda, pero que no podía confirmar si estaba con esa chica en alguna situación de negocios en un restaurant o, si era alguna cita amorosa. Ambos se veían muy alegres y se miraban como si fueran muy amigos, pero a la vez miraban alrededor como si temiesen que alguien los estuviera mirando.

Unos días después, en sábado, Roberto salió a trabajar y prometió llegar a las 4:00 pm para llevar a Karla y al niño al circo. Roberto no llegó, y Karla empezó a enviar mensajes, a llamarlo. Trató de localizarlo por Facebook y WhatsApp, a los cuales Roberto no contestaba. Parecía que su teléfono estuviese apagado.
Ya llegada la noche Karla se angustió, pero prefirió no llamar a su familia para no complicar más las cosas. Roberto, jamás contestó las llamadas ni los mensajes y regresó a casa hasta las 6:00 de la mañana.

Karla lo espero en la puerta. Roberto estaba asustado, temeroso. No sabía qué decir. Para no alargar más la historia, esa misma mañana Roberto le confesó a Karla que se había enamorado de otra mujer (la dominicana), y que había pasado la noche con ella, aunque por accidente, según él, que no era algo planeado.
Karla estaba desvastada. No sabía qué hacer. Fue así como la conocimos, nos escribió para pedir consejo. Aunque ella ya sabía las razones por las cuales Roberto no había ido a dormir, y le parecía que su infidelidad era imperdonable. Para Karla el divorcio era algo necesario. No podía pensar de otra manera. Aunque Roberto jamás le habló de divorcio. Solo le confesó que estaba enamorado, pero jamás le dijo que la quería dejar (a Karla).

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