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Así como el nacer es ley de vida, morir también es parte de ese ciclo. Y la muerte puede llegar cuando menos la esperemos. Este hecho que marca el tiempo en la tierra de los seres vivos, lo confirmó el caso del pastor Jim Watson, quien falleció mientras daba su acostumbrado servicio religioso.

Jim, era pastor de una iglesia en la ciudad de Clermont, perteneciente al estado de Florida, Estados Unidos; desde hace quince años. Los feligreses de la iglesia "Crossroads Family Fellowship", donde predicaba Jim junto a su familia, fueron testigos de su fallecimiento. Su esposa Lisa, quien también estaba presente, comenta ante los medios que su esposo sintió durante la predicación, que el Espíritu Santo le llamaba y lo incitaba a entonar una melodía. Jim, bajo toda la sensación poderosa, comenzó entonces a cantar una canción que se llama "En su presencia". Fue allí, en ese mismo instante que cantaba la canción de la conocida Sandi Patty, cuando su corazón dejó de funcionar, llevándoselo de este mundo.

Los feligreses intentaron ayudarlo, pero el infarto al corazón fue determinante, no permitiéndole a alguna otra persona hacer nada.

Para cualquier médico o practicante de las ciencias humanas, el infarto llegaría en cualquier momento, porque es parte de una naturaleza. Miles de personas en el mundo mueren a causa de un paro cardiaco. Era una realidad que tarde o temprano, sucedería. Pero para los feligreses, así como para el amigo de la familia Watson, Steven Halford, la muerte del pastor de Florida fue una muestra de que el Espíritu Santo existe. Porque no había mayor momento para dejar la tierra, que alabando al señor.

Halford, quien también es pastor de una iglesia en Inglaterra basada en las doctrinas de Lisa y Jim Watson, comenta que su compañero era un hombre amoroso, que compartía su devoción por Jesucristo, hacia todo aquel que quisiera acercarse a su recinto religioso. Halford opina que Jim era uno de los mejores y más dedicados pastores que había conocido durante toda su feligresía. Y que su desaparición física es la entrega de un alma que vivió para demostrarle al mundo de que la fe es poderosa.

Steven, junto a toda la congregación, lloran la pérdida de un ser valioso para el mundo, y dedican aún más su tiempo y sus vivencias, para predicar la palabra de Dios.

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