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Los Doctores Le Dijeron Que Debía Dejar Morir A Uno De Sus Trillizos, Pero Mira Lo Que Ella Respondió


La palabra “bullying” no es muy conocida en los países de habla hispana, pero gracias a los medios de comunicación, el mensaje está llegando. Bullying es el  acoso escolar también conocido como hostigamiento en las escuelas. Es cualquier forma de maltrato: manoteos, maltrato físico, verbal o psicológico producidos entre escolares de forma insistente; a lo largo de un tiempo determinado. 

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Estadísticamente, la forma de abuso o violencia dominante en las escuelas es el abuso emocional, y se da mayormente en el aula y en el patio de la escuela. Las víctimas de estos abusos son -por lo regular- niños y niñas entre 11 y 14 años.

La familia Samalley ha vivido una de las peores consecuencias del bullying en las escuelas: su hijo Ty… se quitó la vida, cansado de los abusos. 

Sin embargo, Kirk Smalley transformó su dolor en una misión positiva y edificante: ayuda a los niños que son víctimas de bullying (acoso escolar) en las escuelas. 

Kirk y Laura Smalley sufrieron la peor pesadilla de todo padre: enterrar a su hijo. Ty, su pequeño de sólo 11 años de edad, fue atormentado durante varios años. Al final, no pudo soportar más los abusos y decidió que el suicidio era su única salida. Su padre nos relata la triste historia:

"Este chico lo había estado molestando durante más de dos años, se acercó y comenzó a fastidiarlo nuevamente; y supongo que Ty, finalmente, tuvo suficiente: el tomó represalias... lo atraparon y fue suspendido por tres días”, nos cuenta el padre, con el corazón en la mano. 

“Llamaron a su mamá. Laura fue a recogerlo y lo llevó a casa. Ella le dijo a Ty que hiciera su tarea, que terminara sus deberes… Le dijo que hablarían cuando llegara a casa esa noche, pero cuando Laura regresó... se dio cuenta de que Ty no había hecho su tarea. Nuestro chico no hizo sus deberes… en su lugar, se suicidó en el piso de nuestra habitación", dijo Kirk Smalley.

Ya hace casi tres años de la muerte de Ty, y el dolor de esa pérdida sigue grabada en los rostros de sus padres: sus caras tristes, perpetuamente al borde de las lágrimas.

 

"Admitir que ya él no va entrar por esa puerta otra vez... es algo en lo que no soy lo suficientemente fuerte", dijo Kirk Smalley. 

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