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Recientemente el gobernador de California, Jerry Brown, acaba de firmar un proyecto de ley que convierte en legal el derecho de morir a la gente, pero sólo a aquellas que necesiten terminar voluntariamente sus vidas. Junto con su firma, Brown emitió una sentida carta a la Asamblea del Estado de California que explica el motivo de la aprobación de la Ley de Opción Final de la Vida.

Esto hace de California el quinto estado perteneciente a los Estados Unidos que permite a los pacientes terminales la posibilidad de poner fin a su vida en sus propios términos, uniéndose a Washington, Oregón, Vermont y Nuevo México. La ley de California requiere que los pacientes sean capaces de administrarse el medicamento que será letal para sus propias vidas. Además, la decisión de un paciente debe ser presentado en una solicitud escrita y firmada ante dos testigos, y el procedimiento debe ser aprobado por dos médicos.

Esta es la carta completa que escribió el Gobernador Brown:
Para los miembros de la Asamblea del Estado de California:
ABx2 15 no es un proyecto de ley ordinaria porque tiene que ver con la vida y la muerte. El quid de la cuestión es si el Estado de California debe continuar para que sea un delito que una persona que está muriendo de poner fin a su vida, sin importar cuán grande su dolor o sufrimiento.

He leído cuidadosamente los materiales reflexivos de la oposición presentados por un número de médicos, líderes religiosos y los que defienden los derechos de discapacidad. He considerado las perspectivas teológicas y religiosas que consideran que cualquier acortamiento deliberado de la vida de una persona se considera un pecado.

También he leído las cartas de aquellos que apoyan el proyecto de ley, incluyendo súplicas sinceras de la familia de “Brittany Maynard” y el arzobispo “Desmond Tutu”. Además, he hablado de este asunto con un obispo católico, dos de mis propios médicos y antiguos compañeros de clase y amigos que toman variadas, contradictorias y matizadas posiciones.
Al final, me quedé a reflexionar sobre lo que me gustaría ver en mi rostro, el día de mi propia muerte.

 "No sé qué haría si estuviese muriendo con un dolor prolongado e insoportable. Pero sí tengo certeza de que será un alivio poder considerar las opciones que contiene esta ley", expresó el Gobernador.

Este proyecto de ley estuvo a espera de la decisión del presidente desde la quincena de septiembre, pero recientemente ha sido aceptada por él.

En aquel entonces los senadores estatales votaron 23 a 14 para permitir a los médicos recetar medicamentos para acabar con la vida de los pacientes con una previsión de fallecer en un plazo de seis meses. La Asamblea de California aprobó el proyecto de ley aquel miércoles, con una votación de 43 a 34.

"Creo que los legisladores se sentirán más cómodos al votar a favor de la ayuda para morir, si saben que una jurisdicción grande como California ya lo ha hecho", planteó Barbara Coombs Lee, presidenta de Compassion & Choices, una organización nacional que respalda la práctica. "Para los legisladores, pensar que serán los pioneros en un movimiento de cambio social a veces resulta difícil. Les resultará más fácil hacerlo si un estado más asimila la nueva práctica médica".

La legislación de California tomó como modelo la Ley de Muerte con Dignidad aprobada por los votantes de Oregón en 1994, que lo convirtió en el primer estado del país en permitir que algunos pacientes de enfermedades terminales eligieran el momento de su propia muerte.



El esfuerzo por promulgar la legislación en California fue impulsado, en parte, por la muerte el año pasado de “Brittany Maynard”, una mujer de California con 29 años de edad diagnosticada con un cáncer cerebral terminal. Maynard se mudó a Oregón para poder acabar con su propia vida en el momento adecuado, y se convirtió en una activista prominente del movimiento de la "muerte con dignidad" a través de vídeos en línea y artículos noticiosos muy leídos sobre su decisión. Maynard no buscaba una cura, buscaba morir con dignidad.

Según la ley de Oregón y el proyecto de California, dos médicos deben ver al paciente, revisar el pronóstico y concurrir en que la persona tiene una enfermedad que resultará letal en un plazo de seis meses, comentó Coombs Lee.

Los médicos también deben atestiguar que el paciente no tiene ninguna enfermedad mental ni trastorno del estado de ánimo que afecte su juicio, y que la persona no está siendo coaccionada ni obligada a tomar la decisión, señaló. La persona debe recibir consejería sobre la atención de hospicio y paliativa, y se le debe informar que no tiene la obligación de surtir la receta de los medicamentos para terminar con su vida ni de tomarlos.

"El control lo tiene el paciente, de principio a fin", dijo Coombs Lee.

La legislación de California aumentó las protecciones respecto al modelo de Oregón, incluyendo una declaración que el paciente debe firmar en un plazo de 48 horas antes de su muerte auto administrada para indicar que su mente sigue estando sana y que sigue siendo capaz de tomar el medicamento solo, según Coombs Lee.
Pero los detractores creen que la ley de Oregón tiene fallos y que permite abusos que también ocurrirán en California.

Ahora, con la promulgación de esta ley  se podría abrir un debate significativo sobre el derecho a morir en Estados Unidos. Esto debido a que la influencia y vasta población de California de casi 40 millones- con frecuencia marcan la pauta en temas potencialmente controversiales.


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