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Un hombre, que se hace llamar Gustavo,  nos contactó por correo electrónico y nos contó lo siguiente, con la condición de que no publicáramos sus fotos. Además, esta historia formaría parte de un artículo más extenso, pero Gustavo nos está urgiendo a que lo publiquemos, porque el necesita "mas consejos". Él nos cuenta que...

Estuve de novio con Alice, una americana muy linda. Menudita, chiquita, alegre. Tuvimos relaciones antes de casarnos, pero parece que en su pueblo y en su iglesia es normal, nadie nos dijo nada. Pero después de un año nos casamos por lo legal y por la iglesia. Una ceremonia modesta porque no teníamos mucho dinero.  Como ambos, siendo solteros, vivíamos en diferentes ciudades, yo decidí cambiarme a la ciudad de Alice para estar cerca de su familia, como decía ella. Yo soy ingeniero en sistemas; así que no tuve mayor problema para conseguir trabajo en mi nueva ciudad, Phoenix Arizona.

Todo bien, todo normal.  Una linda comunicación con mi muer, y en la alcoba, ni se diga. De hecho, Alice, ya no era Alice, era toda una fiera, perdonen la expresión. ¡Qué mujer! Obvio, ella ya tenía experiencia previa. Yo no fui el primero en su vida.

Un día de broma, Alice me dice que la tenía aburrida como marido, como hombre; que ella necesitaba más acción. Pues, yo lo  tome como chiste. Me lo dijo riéndose, y luego me dijo que no era verdad, que yo era un gran hombre en la alcoba, pero no me gustó cómo lo dijo:”Tu eres mejor que muchos…”  ¡Ja ja ja!, ¡qué chistosa! Eso me puso incomodo.

Al año de  casados me dijo que extrañaba su vida de soltera: sus amigas, sus salidas a los clubs, a las discotecas. Pues, le dije: "Mi amor, vayámonos tú y yo cada viernes o cada sábado; te sacaré a cenar, a tomar unos tragos; invitamos a otras parejas, pero ella me decía que no era lo mismo.

En pocas palabras ella quería libertad. Y un día, de sopetón, me lo dijo: ¡Ella quería libertad sexual! Y me dijo: "Así lo acostumbran todas mis amigas, (todas divorciadas, por cierto), y hasta algunas de mis familiares también. Hasta mi madre, fue una mujer de 'mente abierta'…".

- Sí, ¿veras?, le contesté. La mente han de tener muy abierta tu madre y tus amigas ... Ella se ofendió por mi respuestas y esa fue la primera noche que se fue a dormir a casa de su madre.

Yo, de idiota, accedí a que ella saliera con amigas los fines de semana, con la condición de que no hubiera hombres presentes. Ella me aseguró, que había pensado lo que me había dicho y que ella le había jurado a Dios que nunca me sería infiel, y me agradeció que la dejara tener de vuelta “su libertad”.

La verdad es que, si yo hubiese hablado con ella desde antes de casarnos;  y ella me hubiera dicho que no era mujer de un solo hombre, yo tal vez, no me hubiera casado con ella. A las pocas semanas de salir con sus amigas, Alice cambió conmigo. Se negaba a tener relaciones.

Pero mi mayor dolor fue que un día que había perdido las llaves de mi auto y de mi casa, rompí la ventana, mientras ella estaba en el trabajo, y busqué un duplicado que teníamos. Encontré un bolso de mano de Alice, que tenía ella por ahí guardado. Encontré tickets de bares, recientes; unas facturas de farmacia, recientes, y un papel donde decía que la prueba de embarazo era positiva. Además de otros detalles de exámenes de sangre. <<¿Pero será esto de Alice, o de alguna amiga?>> Mi mente no podía creerlo. Allí en el documento estaba su nombre. Era un examen que le habían practicado a ella. Ella estaba embarazada y desde hacía 3 semanas lo sabía, y no me lo había dicho.

La esperé a que llegara de su trabajo y la confronté con el papel en la mano. Yo aun esperando que me dijera: ¡Mi amor, tendremos un hijo, te quería dar una sorpresa!

Pero no, la infeliz, me aventó el papel en la cara, tomo sus llaves y su bolso, y se dirigió a la puerta. Yo me pare frente a ella, negándole el paso…  Déjame pasar o le hablo a la policía y te acuso de violencia domestica…
- ¿Qué te pasa? – le pregunté - ¿Qué sucede?, ¿estás enferma? ¿Perdiste a nuestro hijo?
- No, no estoy enferma… si estoy embarazada pero...

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