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Abdul Halim al-Attar, un refugiado de Siria que fue fotografiado vendiendo plumas en las calles de Beirut, ahora tiene tres empresas en la ciudad después de una campaña para recaudar fondos que se hizo en línea en su nombre  juntó $ 191,000 dólares.


El padre de dos hijos abrió una panadería hace dos meses y ha añadido una tienda de kebab y un pequeño restaurante a su aventura empresarial. Él emplea a 16 refugiados sirios.

La fotografía de al-Attar donde lleva a su hija dormida en su hombro mientras trataba de vender bolígrafos para los transeúntes en el calor abrasador se difundió el pasado verano y tocó a millones de personas en todo el mundo.

Uno de los que se conmovieron por su difícil situación fue un periodista y desarrollador web en línea de Noruega, Gissur Simonarson, que ha creado una cuenta en Twitter y una campaña de Indiegogo para recaudar $ 5.000 Dlls para al-Attar y su familia. Cuando se cerró tres meses más tarde, la campaña había recaudado casi cuarenta veces más: $ 188.685 Dlls se agregaron otros $ 2,324 Dlls en donaciones desde entonces.

"No sólo cambió mi vida, sino también la vida de mis hijos y la vida de personas en Siria a quien ayudé", dijo. Al-Attar entregó cerca de $ 25.000 Dlls a sus amigos y parientes en Siria.

Al-Attar también construyó rápidamente una vida mejor para él y su familia en Beirut. Su esposa regresó a Siria y están separados actualmente.

Además de las empresas en el sector alimentario, al-Attar llevó a sus hijos de un dormitorio que todos compartían a un apartamento de dos dormitorios en un edificio sin terminar con vistas a la carretera en el sur de Beirut. El apartamento es ruidoso y escaso, pero la pequeña Reem de 4 años de edad, quien estaba sobre el hombro de su padre en la foto viral, muestra con orgullo sus nuevos juguetes: utensilios de cocina de plástico, un columpio y un oso de peluche que parece ser su favorito. Su hermano, de 9 años de edad Abdullelah, está de regreso en la escuela después de tres años de ausencia.

Para al-Attar, a sido un largo camino recorrido desde Yarmouk, el campo de refugiados palestinos en el extremo sur de Damasco, donde estuvo empleado en una fábrica de chocolate. El campamento está devastado por los combates. A pesar de que es de Siria, al-Attar es palestino y no tiene la ciudadanía siria.

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