En
las vacaciones en este verano la puse en una escuelita donde le dan clase
variadas: deporte, pintura, música, incluso cocina. Una de sus clases,
natación, le es (o le era) impartida por un maestro joven, de alrededor
de 30 años de edad, del cual omitiré el nombre.
Mi
hija me dijo desde el primer día, que este maestro le parecía muy simpático y
que la hacia reír. Pasaron algunos días y empecé a notar que mi hija hablaba
mucho del maestro. Curiosamente cuando yo estaba presente para recogerla
de su clase de natación, este maestro se mostraba serio, y casi no me miraba ni
a mi ni a ella, y evadía hablar conmigo. Pero mi hija me contaba, que cuando yo
no estaba, él cambiaba su actitud para con ella. Una amiga mía que tiene
a un hijo varón en la misma clase, me llamó por teléfono, y me comentó que…
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