Les
cuento que yo –previniendo esto de los abusos– trate de hacerme amiga de mi
hija (y de mis otros 3 hijos varones también), desde que nació prácticamente.
Obviamente en mi casa hay reglas claras, y consecuencias; a veces livianas, a
veces duras cuando las reglas se rompen, pero he tratado de que mi hija me vea
como una amiga, y no como una “jefa”, o una capataz. No quiero que piense que
yo estaré con un látigo esperándola, si ella comete una falta grave o un error.
La
hermana de mi esposo, Karina (la que sufrió abusos sexuales), trato de
suicidarse en una ocasión, y hoy sufre de depresiones y alucinaciones muy
feas. Yo se que eso le vino por los abusos y yo no quería que mi hija pasara
por lo mismo.
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