Richard Norris perdió su
rostro en un accidente con un arma de fuego. Estuvo oculto en su casa durante
15 años: solía salir con una máscara, pero aún así no salía a comer, no hacía
vida social, se había convertido en un ermitaño. Pero a mediados de
A los siete meses de su cirugía, Richard podía degustar y oler.
En este trasplante participaron más de 150
médicos, enfermeras y otro personal, bajo la supervisión de Eduardo Rodríguez,
profesor de cirugía en la Universidad de Maryland School of Medicine.
"Mis amigos han seguido adelante con sus
vidas: han formado familias y carreras. Ahora podré trabajar, me han devuelto
la vida", dijo Richard Norris
entusiasmado.
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