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Recibimos
este correo y lo estamos publicando con permiso del jovencito que lo envió y el de su madre, con el fin de que otros lean y apoyen a este joven en oración.
¡Bendición amigos de la página Dios es Bueno!
Desde que iniciaron hace más de 2 años yo los
sigo y soy muy bendecido. Tenía 14 años cuando les di "like" por
primera vez, y hace unos días acabo de
cumplir 16 años.
En serio, si no hubiera sido primeramente por mi
Dios y por ustedes no sé dónde estuviera,
ya que sus frases y versículos me han ayudado a conocer a Dios y me han
fortalecido.
Yo vivía
en México, en el Estado de Michoacán. Hace dos años mi vida como adolescente
era perfecta. Lo tenía todo: buena ropa, buena escuela, muchos, pero muchos
amigos, viajes por todo el país y el extranjero. En fin, todo lo que un joven de mi edad puede soñar. Además,
una excelente madre, aun muy joven y muy bonita, pero sobre todo muy, pero muy
cristiana y muy sabia. También tenía un padre. Para mí, él era un padre
excelente: siempre me trató bien,
siempre me impulsó para que estudiara. Me lo daba todo, pero a la vez, no todo
lo que yo pedía o quería, pero sí, me daba muchas cosas que otros chicos de mi
edad no tienen.
¡Qué hombre tan noble era mi padre! Un día me
pidió que me subiera a su camioneta. Yo un poco molesto le obedecí. Ese día yo
ya traía otros planes, pero ese día, Dios y él tenían otro plan para mí.
Cuando encendió el auto, me dijo que quería
hablar conmigo. Nos paramos en un llano,
y casi al anochecer, empezó a contarme su niñez y como de ser muy pobre, se
levanto con trabajo duro para llegar a ser el hombre de negocios que ahora era.
Todo estaba muy bonito. Al principio no le puse atención porque pensé que sería
otro de sus sermones, pero sin darme cuenta, me metí en su historia, y al poco tiempo,
me sentía emocionado con lo que estaba oyendo; y siento deseos de ser como mi
padre. Quiero decir, yo ya quería ser como él, pero ahora por primera vez me
daba cuenta de lo que él sufrió para darnos una mejor vida, y yo quería ser
como él. Yo no quería ser como los demás chicos en mi escuela: flojos y
caprichosos, hijos de papi rico, que les cumplen todos los caprichos. No, no ¡yo
no! Yo pensé esa tarde que iba a dejar el relajo y los malos amigos y me iba a
dedicar a estudiar y a ayudarle a mi padre en el campo y en sus tiendas para
poder ser un hombre de verdad y tal vez encontrar una chica igual de
inteligente que mi madre.
NO TE PIERDAS EL SUEÑO DEL JOVENCITO Y SU SECRETO EN LA SECCION #5
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