Estuve tomando con unas personas que conocí ese mismo día. Entre ellos estaba un chico, el cual consideré perfecto para llevar a cabo mi plan. Todos tomamos mucho y pasó lo que tenía planeado. Pensé que era la mejor manera de castigar a mi madre, pero no fue así: me castigué a mí misma, pues al llegar mis padres, me obligaron a casarme con él; y para mí era un completo desconocido. 

Pasaron unos meses y mi vida ya era un infierno. Otra vez mis padres decidieron por mí y me enviaron a estudiar a otra ciudad. 

Pasaron los años y conocí a otro chico del cual me enamoré como loca. Decidimos juntarnos e independizarnos. Mi madre nos había dado una casa para vivir. 

Como es natural, quedé embarazada. Esto dificultó más las cosas, pues mi marido se había quedado sin trabajo y yo no sabía hacer nada. Así que, cuando mi madre se enteró… decidió echarme de la casa. 

Pues ahí quedé sola con mi bebé en mi vientre, con apenas cuatro semanas. Sufrí mucho durante esos meses. Me prestaron un taller para vivir, y dormía en una bodega. Mi marido estaba en casa de sus padres, me había abandonado. Me alimentaba de un árbol de mango que tenía unos cuantos mangos verdes. Tenía que robarlos para alimentarme. Llegaron días en los que me desmayé del hambre. 

Tuve una amiga que jamás olvidaré. Ella era muy pobre, pero se robaba un banano a escondidas de su mamá para dármelo.  

En una ocasión llegó mi hermano a visitarme, y a dejarme dinero para que me alimentara; pues mi madre me mandó a decir que no quería un nieto “mongolo”, y yo me puse a llorar. 

Pasaron varios meses y las cosas mejoraron: mi marido regresó y encontró trabajo. Durante los últimos meses mi madre se compadeció de mí, y me permitió volver a la casa. Ya se estaba aproximando la fecha de parto: esperaba con gran ilusión a mi primer bebé. Sabía que iba a ser una niña y estaba feliz. El día 19 de noviembre entré en labores de parto, pero no dilataba más de dos centímetros. Así que, los médicos alarmados decidieron ponerme medicamentos para acelerar el parto. Pasé dos días así. El día 21 de noviembre, a las 11:00 PM, nació mi hija. Pero…

Al nacer mi hija la apartaron rápidamente de mi lado, y la llevaron al área de neonatos. Estaba yo muy preocupada y le pregunté a un doctor qué estaba pasando, y él me dijo que todo estaba bien. Pasaron cuatro horas, así que me levanté y decidí buscar a mi hija. Al llegar al lugar donde la tenían, los médicos me dijeron que tenía que ser fuerte, me dijeron que mi hija tenía síndrome de Down… 

Lloré como loca. Enseguida recordé las palabras de mi madre: “No quiero un nieto mongolo”. Fue uno de los tantos sufrimientos que he pasado. 

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