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Este rey africano vive en Alemania, trabaja como mecánico y gobierna a su pueblo por Skype (Pág. 2)

Desde el barrio Tsukishima, Tokio, uno de sus habitantes tiene a todos entretenidos por la peculiar mascota que éste lleva por acompañamiento desde hace muchos años. Se trata de una tortuga. Sí, es una de esas criaturas lentas y parsimoniosas la que sus vecinos contemplan caminar sin ninguna prisa por sus calles, algunas veces por semana. Se les ven contentos, despreocupados, pero el binomio sabe que son un equipo, que ambos, hombre y su tortuga paralizan el tráfico de la zona, es un hecho nada común. Aun así, se visten para el verano o invierno y así, dar sus típicas caminatas.

Este hombre no demuestra miedo ante las autoridades de protección animal, quienes alegan que éste, no es el mejor hábitat para la tortuga de Espolones Africana, la cual es oriunda del desierto de Sahara, y es allí donde debería estar y vivir su larga vida.

Sin embargo, el hombre y su tortuga paralizan el tráfico de una u otra forma semana tras semana mientras dan sus paseos de tarde o de mañana. Él la viste y la enseña, orgulloso de tener a un amigo tan leal como el animal. Siendo esto una forma ilegal de mantener a un ser vivo al lado de un humano, se ve a simple vista que su amo cuida de ella, dándole toda la atención que así se merece. 


 


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