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Yesenia, aparentemente lo tenía todo: una hermosa familia, un esposo maravilloso, buena salud, situación económica estable… Sin embargo, Yesenia nunca pensó que – a estás altura de su vida- regresaría, después de tantos años, un amante del pasado.


Por culpa de mi esposo... ahora tengo un amante - Mi esposa es una coqueta -  Cinco minutos por tu hijo


Como pude, disimule mis sensaciones.

― ¡Te estás poniendo roja de la cara amiga! – me dijo Felicia, la organizadora de la reunión.

― ¡Cállate! –  le conteste. ¿Cómo es posible que hayas invitado a Julio? Y para empezar, ¿dónde lo encontraste?

― ¡Ah, Yesenia!, él me encontró en el face. Y me hice contacto con él, y así, nos mantuvimos platicando. Pero te juro, Yesenia, que desde el principio presentí que el quería saber de ti. Le di tu perfil, pero me dijo que no se atrevía a contactarte. Así que le dije de esta reunión, y pues, me pidió que lo invitara.

― ¡Ay, amiguita!, no sé qué decirte…me siento muy mal…

― ¡Pero anímate, Yesi!, al cabo que ya estás casada, y pues, lo de él fue hace tantos años. Mira como se ve de “ruquito”…

― ¿Viejo? Se ve rete guapo el condenado, y esos kilitos en la pancita lo hacen verse muy bien, y no tan flaco como antes…

Julio empezó  a saludar a las amigas desde el extremo opuesto adonde yo estaba. Vino y me saludó a mí, y el desgraciado me saludó como si yo hubiera sido “la señora de la limpieza”. No mostró ni mucho gusto, ni mucha felicidad; como si nunca hubiera pasado nada. Eso me hizo sentir tan mal, que le empecé a meter a las copitas…

Pasaron una, dos, tres horas y solo teníamos el salón rentado por cuatro horas. Una de las amigas puso algo de música y  Julio, poco a poco, se fue acercando adonde yo estaba. Me puse tan nerviosa, me quería morir.

A él lo deje de ver hace 18 años, más o menos. Yo lo amaba con locura. Había sido mi primer hombre y la experiencia que viví con él fue algo que aún no puedo explicar. Pero como él era vendedor, y a veces le cambiaban la ruta, sus jefes decidieron cambiarlo al sur de México. Y Tal vez, esto sea lo peor de mi historia...

Yo me quería ir con él. No me importaba nada, ni mis padres, ni mis hermanos, nada. Pero extrañamente, a pesar de que él decía que me amaba tanto, él no se mostraba muy contento de mi empeño por dejarlo todo e irme con él. Todo lo contrario, se molestaba y me decía que TENÍA que quedarme yo en esta ciudad, y que él vendría a verme cada tres meses.

― ¿Estás loco? – Le grité. ¿Qué no sabes que me muero si un solo día no te tengo conmigo? ¿Cada tres meses? ¡Estás loco!

― ¿Estás loco? – Le grité. ¿Qué no sabes que me muero si un solo día no te tengo conmigo? ¿Cada tres meses? ¡Estás loco!

― Yesi, mira… es que… - su rostro se tornó serio, se quedó callado…

El día que él se iba a ir, supuestamente había llenado su auto con algunas de sus cosas, y partiría  como a eso de las cuatro de la tarde. Ya nos habíamos despedido la noche anterior y él no quería que fuera a despedirlo a su departamento. Pero aun así, fui al lugar como a las diez de la mañana; pero me di cuenta que ya estaba vacío…<< ¡qué raro!>>, pensé. 



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