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Yesenia, aparentemente lo tenía todo: una hermosa familia, un esposo maravilloso, buena salud, situación económica estable… Sin embargo, Yesenia nunca pensó que – a estás altura de su vida- regresaría, después de tantos años, un amante del pasado.


Por culpa de mi esposo... ahora tengo un amante - Mi esposa es una coqueta -  Cinco minutos por tu hijo


¡Ya!, volviendo al día de la fiestecita, Julio hizo como pudo y se acercó a mí. Me puso la mano en el hombro y me preguntó cómo estaba. Los ojos se me llenaron de lágrimas.

—Idiota – le dije, –¡idiota…!

— ¿Cómo dices? – haciéndose que no me escuchaba por el volumen de la música.

—¿Qué haces aquí , Julio? – le pregunté.  – ¿De dónde saliste así, de repente, de la nada?

—No me digas que no me habías buscado…

—Pues antes, sí, lo hice. Pero nunca te encontré y hoy estoy felizmente casada… Bueno, espero que la razón de venir a la reunión no haya sido para verme a mí… ¿o sí?

—No… ¿cómo crees, no? Pues, ¿qué?, ¿ya hace más de 20 años, no?

—Dieciocho, idiota, dieciocho…

—¡Oye!, pues que bien llevas la cuenta.

—¿Sabes qué, Julio? Aquí le paramos… me tengo que ir, mi esposo me espera...

—Sí, claro. Sé que tienes dos varoncitos…

Julio, te recomiendo que no te metas en mi vida, lo  nuestro, ya pasó hace mucho. Ya te olvidé y ya ni siquiera quiero hablar de todo lo que me heriste… Realmente, no sé qué haces aquí…

—Yesenia, no te vayas...

—Me tengo que ir…ya me voy...

—¿Te puedo llamar? ¿Me das tu número?

—Te doy pura… (Me reservo lo que le dije)

—Y les grite a mis amigas: ¡Cualquiera que le dé mi número a este idiota, deja de ser mi amiga!

 

Todas se me quedaron viendo, como que no habían entendido.

Me levanté y salí de allí tan enojada, sintiéndome traicionada por mis amigas y tan angustiada. Lloré todo el camino a casa. Me quedé un rato afuera, llorando, hasta que mi marido vino y me tocó en la ventanilla del auto.

 

—¿Qué te pasa, amor? ¿Qué tienes?

— ¡Ah!, nada, Carlos, nada… Es que allá en la reunión con las amigas, este….recordamos muchos momentos y…

— Momentos bellos…

— Sí — contesté, — muchos bellos y otros no tan bellos…

— Bueno, pásale, amor, que te estoy esperando con una botella del vino que te gusta…


Para qué contarles más. Esa noche no le pude funcionar a mi esposo como mujer. Y desde ese día ha sido difícil estar con él, sin compararlo con Julio.

No, Julio no me ha llamado, no me ha contactado. En  este momento, ni siquiera mi amiga me ha podido aclarar si Julio está casado, divorciado, viudo. Ella no sabe o no está segura.

 

Lo que sí sé, es que desde ese día vivo en una angustia, recordando momento por momento, beso por beso, mirada por mirada, noche por noche. Todo lo bello y prohibido que viví con él.

Estoy muy angustiada, muy triste. Me siento perdida, me siento sucia, me siento que le he fallado a Dios; a mi marido, a mis hijos.

 

Mi marido me ha tenido paciencia y él piensa que son “cosas de mujeres”. Se suelta riendo, me da una palmada en las “pompis” y me dice:

—Es que ya te está llegando la “Menopauchurrada”  (Menopausia ).

Yo me quedo callada. No he dejado de pensar en Julio desde ese día que lo vi, y le doy Gracias a Dios que no me ha contactado. Y al Facebook, ya ni checo mi inbox, solo entro a leer las frases de Hermes, y bajar imágenes de su página de ustedes con versículos bíblicos que me ayuden en mi angustia. Y les doy gracias por borrar la petición de oración que escribí, tan explícita. Muy a tiempo de que la viera mi marido porque él, sí es muy aficionado al Facebook.

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