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Estas Frases Son Indispensables Para Empezar La Semana De La Mejor Manera Posible

Este niño cambiaría sus canicas, lo más valioso que tenía, por un poco de comida; pero el vendedor no pudo aceptarlo. ¡Increíble historia de reflexión!

Yo estaba en el mercado comprando comida y allí vi a un niño mirando un canasto con guisantes frescos con muchas ansias y deseos. No lo niego, yo también me sentí atraído por los guisantes; y mientras los estaba mirando, escuché la conversación que el niño tenía con el dueño de la tienda. 




–       Hola señor Barry, ¿cómo está usted hoy?
–       Hola Sr. Miller, yo muy bien, acá admirando sus guisantes, ¡se ven muy bien!
 Sí, son muy buenos. ¿Cómo está tu mamá?
–       Mucho mejor, gracias.
–       ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?
–       No, solo estaba admirando los guisantes.
–       ¿Quieres unos? Preguntó el Sr. Miller.
–       Lo siento señor, no tengo con qué pagarlos.
–       Bueno, tienes algo con lo que podamos hacer un trueque?
–       Todo lo que tengo es mi canica de regalo.
–       ¿Verdad? Déjame verla, dijo el señor Miller.
–       Acá está, ¡es muy bonita!
–       ¡Claro!… pero es roja y yo prefiero una azul. ¿Tienes una azul en tu casa?
–       No completamente azul, pero algo parecido.
–       Hagamos una cosa, replicó el señor Miller, llévate los guisantes y mañana me traes la roja para mirarla de nuevo.
–       ¡Ok!, dijo Barry

Uno de los trabajadores de esa tienda me dijo que el señor Miller siempre hacía eso con todos los que se les acercaba, les daba comida pretendiendo negociar con ellos pero nunca lo hacía. Siempre cambiaba de opinión con respecto al color de las canicas para nunca cobrarles. Me pareció un acto de bondad estupendo. 

Luego de varios años me enteré de la muerte del señor Miller, decidí ir a su funeral donde vi a tres hombres vestidos elegantemente. Ellos se acercaron a la viuda de Miller, la dieron el pésame, se acercaron al ataúd y se fueron con lágrimas en sus ojos.

En el momento que me acerqué para charlar con ella, me contó que esos tres hombres elegantes le dieron su agradecimiento por la generosidad de su esposo, lo cual respondieron a la deuda que tenía con él dejando canicas en su ataúd. 

No seremos recordados ni por lo lindo que fuimos, ni por lo que dijimos, ni por lo que hemos dejado: seremos recordado por siempre por nuestros actos. Por eso, mientras estemos vivos, tenemos que preocuparnos por ser generoso bondadoso.


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