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Escrito por Hermes Alberto Carvajal 

Continuación: 10 consejos efectivos para ser feliz


2. Disfruta los detalles bellos en tu vida.

Afirma tu fe en Dios y mantén una actitud dispuesta a disfrutar el día a día. Cuando estás agobiado por la incertidumbre, dejas de disfrutar de los bellos detalles de la vida y es ahí donde se pierde la felicidad. Por eso es importante saber en quién has creído. Y cuando sabes que Dios no falla, recibes su paz y empiezas a ver cosas bellas que antes ni siquiera habías notado. Por ejemplo, encontrar la vía libre de tráfico, que tu mejor amigo te dé una buena noticia, que hayas tenido una comida agradable o que hayas dado un paseo por el parque con tu perro, que es un día bello, que es lindo el clima, que hoy traes dinero para llenar tu tanque de gasolina o --si no traes-- que hoy podrás caminar de regreso a casa.

¡Qué belleza, los lindos detalles de cada día! Cuando comienzas a ver los pequeños buenos detalles, tu felicidad se hace mayor.


3. Sigue tus instintos


El instinto no es algo misterioso (bueno, puede ser que sí). Dios le llama sabiduría. Muy pocas veces es sobrenatural. Dios usa todo aquello que has guardado en tu mente para luego mostrarte el camino y la salida, cuando lo necesitas. Claro, a veces también suceden los milagros. Pero si, por ejemplo, este día te levantaste con deseos de irte al trabajo por otra ruta, o de llamar a un pariente, o de buscar otro empleo, ¡hazlo! Posiblemente Dios quiere brindarte una sorpresa y un cambio en tu vida. De hecho, los psicólogos se han percatado de que aquellas personas que suelen tomar en cuenta sus instintos o sentimientos son más felices que aquellos que siguen las pautas marcadas por otros.

Dios tiene un plan para ti. Sí, otros también tienen un plan para ti, pero tú debes preferir el plan de Dios. Porque… ¿Qué sucede cuando no sigues esa lucecita que Dios ha puesto dentro de ti? Te sientes insatisfecho, como que algo te falta, como que algo no hiciste bien, aunque todo lo hayas hecho lo mejor posible. Siempre existe la posibilidad de “¿Y qué tal si lo hago como Dios me ha mostrado y no como lo exigen la gente y las normas sociales?”. Despierta cada día alerta a lo que Dios tiene para ti. Tómate un tiempo y habla con Dios; y sigue esa lucecita, porque nunca dejará de brillar.


3. Acéptate y ámate tal como eres, sin perder los deseos de crecer y mejorar.


¿Recuerdas lo que te confesé al principio? Pues pasaron muchos años para que, al mirarme en fotos del pasado, me diera cuenta que en realidad no estaba tan “amolado” (arruinado), como dicen en México.

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