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¿Qué debe preguntar un padre al maestro de sus hijos?

Escrito por Hermes Alberto Carvajal 


Continuación:


10 - Recibe el regalo de Dios: Vida y felicidad.


Aún siguen atados mental y espiritualmente a las personas que les estrellan en su cara sus pecados y errores. Desgraciadamente, algunos “hermanitos” o predicadores en las iglesias son buenos para recordarte de dónde saliste pero no para señalarte el camino a una mejor vida. Dicen estar en Cristo pero sus corazones aún permanecen en el pasado.

Si en verdad estamos en Cristo, entonces sí lo estamos.  Y si en verdad eres nueva criatura, lo eres. Y si las cosas viejas pasaron, ya pasaron, ya no existen. Tal vez tengas fotos, tal vez tengas recuerdos, pero ya no existen en sí.

Deja atrás las cosas viejas que ya pasaron, como dice el Apóstol Pablo: “Pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús!” (Filipenses 3:13, 14)

Atención, el Apóstol Pablo dijo: “Me olvido de lo que queda atrás”. No dijo: “Dios me borra la memoria y ya no me acuerdo”. No. Activamente tenemos que dejar de recordar lo malo que nos ata en el pasado. Dios no te borrará la memoria, porque Él no quiere que olvides las lecciones positivas del fracaso. Pero tú activamente tienes que dejar de pensar en lo malo que todavía te atormenta, y la mejor manera es creyéndole a Dios, a su perdón, a su amor. Y si Él dice que eres perdonado, lo eres. ¿Y dónde lo dice? En su palabra, no necesitas que ningún profeta adivino venga y te lo diga; créele a su palabra. Créele a Dios.

Creerle a Dios y olvidar las experiencias negativas nos libera de las ataduras que nos mantienen tristes. Por ello es importante dejar ir esas experiencias o recuerdos para ser feliz.

La felicidad es la consecuencia de varios factores  presentes en nuestra vida y para mantenerla es vital buscar el equilibrio. La felicidad no es una emoción permanente de bienestar sino la seguridad y la estabilidad emocional que trae la certeza de saber lo que crees, lo que esperas y la firmeza de las personas o las cosas en las que confías.

Te voy a decir ahora porqué creo que mis amigos en la escuela se burlaban de mí, diciéndome que era feo. Conste que esta es una teoría mía; en realidad no conozco a fondo los corazones de mis “amigos” y hace años que no los veo.

En muchos periodos escolares, desde los 6 hasta los 11 años, yo era el varón de menor edad en mi salón de clases en una escuela de la periferia de la ciudad, donde asistían los niños más pobres, los más humildes de esa comunidad. Además, era el hijo adoptivo de una pareja de ancianos indígenas.

En mi escuela, pocos varones usaban zapatos o, si los usaban, estaban muy viejos y rotos. Casi ninguno desayunaba antes de ir a la escuela. Sus padres nunca asistían a las orientaciones escolares y jamás se acercaban a los maestros para preguntar por el avance de sus hijos.

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