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Por otro parte, el Gobierno chino afirmó durante mucho tiempo que este ha sido uno de los factores que ha permitido el desarrollo económico. Pero teniendo en cuenta sus graves consecuencias, según expertos esta medida evitó alrededor de 400 millones de nacimientos en el país más poblado del mundo, con 1.361 millones de personas. Aunque la prohibición nunca llegó a aplicarse absolutamente en toda la nación: existían beneficios para las minorías étnicas, de aproximadamente 105 millones de personas, según el Censo de 2010 y para los habitantes rurales, si el primogénito era una niña.

En el año 2013 se aprobó ofrecer dos hijos a aquellas parejas en las que al menos uno de los miembros a su vez fuera hijo único. Pero esta medida no tuvo éxito, pues a mediados de 2015 de los 11 millones de parejas que cumplían con este requisito, solo 1.5 millones había solicitado el permiso necesario.

Otra consecuencia devastadora es que el deseo de tener más hijos ha disminuido considerablemente, sobre todo entre las clases medias urbanas, dice He Yafu, autor del libro "El Incontrolable Control de la Población". "El costo de la crianza de un segundo hijo es demasiado alto e incluye una gran presión económica a las familias", que ya deben afrontar los altos precios de vivienda o educación.
Muchos expertos opinan que de haber abolido esta política hace diez años, se hubiese marcado una diferencia, pues es demasiado tarde para evitar el envejecimiento de la población.
Según explica Sophie Richardson, directora para China de Human Rights Watch: "Aunque es un cambio importante, limitar el nacimiento a dos hijos es mejor que un límite de uno; no debería haber límites. El Estado sigue teniendo el control sobre todo tipo de derechos reproductivos, y este cambio de política no cambia en nada los abusos del pasado ni reduce la perspectiva de más en el futuro".




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