En la vida atravesamos momentos difíciles. Encontrarás obstáculos y muchos problemas en los que tendrás la firme convicción de que no tienen solución. Sin embargo, nunca debes rendirte.

La resiliencia, la capacidad humana de adaptarse a la adversidad, es algo que todos deberíamos cultivar. Por lo que no debes rendirte: entierra tus miedos, suelta el lastre y retoma tu vuelo. Debes continuar, porque la fuerza viene de lo alto. 

La vida, por más organizado que estés, siempre resulta complicada. Es más, muchas veces tratar de resistirse al vaivén de las olas en alta mar, cansa. Mantenerte a flote no es fácil. 

Hace unos diez años perdimos al hermano de una gran amiga. Él escogió irse en una balsa a otro país en busca de un futuro mejor, a pesar de que sus padres y familiares le rogaron que no lo hiciera. Por desgracia, llegó un mal tiempo y la frágil embarcación zozobró. Él se aferró a una balsa en alta mar por mucho tiempo, hasta que su cuerpo cansado se deshidrató y comenzó a tener alucinaciones. El temor lo invadía. A pesar de que su compañero de naufragio se encontraba en pésimas condiciones de salud, le decía que resistiera, que pronto los iban a rescatar. Sin embargo, unas horas después, al amanecer, ya exhausto y cansado de patalear, se despidió de su amigo y se soltó. Para él no tenía sentido demorar más su muerte.

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Juan cuenta que un sentimiento de impotencia le embargó. aunque sus deshidratados ojos no tenían lágrimas, lloró la pérdida de su único compañero en esa fortuita situación. No obstante, unas pocas horas más tarde, cuando el sol brillaba y quemaba como nunca, sorpresivamente, llegó la guardia costera...

Muchas veces tendrás deseos de abandonar, pues forma parte de nuestra naturaleza, pero la paciencia y la perseverancia y una esperanza puesta en nuestro Señor, te ayudarán a salir adelante.

Un piloto mencionó una vez que cuando tenía amenaza de tormenta en uno de sus vuelos, con el cielo completamente nublado y fuertes ráfagas de viento amenazando la estabilidad de la nave, siempre es muy difícil despegar. De hecho, los movimientos bruscos del despegue hacen temblar a los tripulantes más experimentados y valientes. No obstante, una vez que logras despegar, y pasas la línea de nubes en el horizonte y el avión se encuentra navegando en cielo claro, por encima de la tormenta, todo, absolutamente todo parece más sencillo. Así es caminar con Dios, en un principio te será difícil, pues las tentaciones, dificultades y nuestra naturaleza pecadora nos traicionará. Pero saber que, si te mantienes firme y perseveras, a pesar de los problemas, llegarás a alcanzar la madurez y estabilidad cristiana en tu vida. La tormenta no dura para siempre.

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"Aunque un ejército acampe contra a mí, no temerá tu corazón. Aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado". Salmos 27:3


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