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Harriet Seehan, una niña de 15 años de edad, cumplió sus sueños de poder donar sus ojos después de morir. La niña sufría de fibrosis quística, la cual le fue diagnosticada a los 11 meses de edad, luego de sufrir fuertes ataques de tos que la hacían vomitar con demasiada frecuencia; desde entonces, luchó contra su enfermedad, y al perder la batalla contra la fibrosis quística, pidió un deseo incomprensible para muchos.

Harriet nació en Cumbria, al noroeste de Inglaterra. Las personas que conocen su caso han quedado conmocionadas por tamaña generosidad. Y es que Harriet siempre fue una luchadora optimista y solidaria. La niña había elaborado una lista de deseos por cumplir antes de morir. Entre sus deseos estaba el poder ayudar a ver a alguien que padeciera de ceguera.


"Harriet sabía que no podría donar sus órganos principales (por causa de su condición), pero estaba decidida a ayudar de cualquier manera y donó sus ojos... Completó su último deseo de la lista y le dio el 'don de la visión' a alguien", dijeron sus padres, muy emocionados.

La fibrosis quística es una enfermedad hereditaria que provoca una acumulación de tejido mucoso, en los órganos del cuerpo como en el tubo digestivo, pulmones, páncreas y otras áreas del cuerpo. La tasa de mortalidad de esta enfermedad es muy alta. En 2013 Harriet sufrió una de las peores crisis, y tuvo un fallo respiratorio. Harriet fue ingresada en el hospital Bristol y luego fue conectada a una máquina de soporte vital. 


Pasaron cinco meses interminables en la sala de cuidados intensivos. En 2014, los doctores encargados de su caso, les comunicaron a sus padres, Helen, de 43; y Greg, de 40 años, que reconsideraran la posibilidad de realizarle un trasplante a su pequeña, con la esperanza de que este mejorara su calidad de vida, y esta podría subir de peso.

La pequeña logró ganar 12 kilos, pero desgraciadamente Harriet murió de forma repentina, después de sufrir un neumotórax.

Luego de la muerte de Harriet, los doctores la recordaban como una joven valiente, que nunca se quejó.

Harriet, determinada a colaborar con una buena causa, y sabiendo las dificultades que sufren muchos de sus amigos y compañeros en encontrar donantes en el hospital, decidió donar sus ojos, comunicándolo en un blog que cariñosamente elaboraba. 

Al morir, Harriet donó sus ojos a un joven de 26 años que padecía de ceguera. Ahora gracias a su generosidad, este joven podrá ver. 


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