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Se tomó un “selfie” antes de suicidarse y luego envió la foto a un amigo

Salvada por una patata...


Marysville, WA - Kristine Moore es una mujer llena de alegría y energía, que ha comido patatas fritas durante 20 años. Las come en su almuerzo todos los días porque le encantan. En febrero, una de las esquinas de su papita frita se le quedó en la garganta. Por más que aclaraba su garganta, seguía sintiendo la patata frita como incrustada y no la podía quitar. Al llegar a casa, le contó a su marido lo sucedido y el miró en su garganta para ver qué podía hacer.

Intrigado el marido vio que sus amígdalas estaban rojas e hinchada y tenían un aspecto "extraño".

Moore se hizo una prueba de estreptococos en una clínica. La prueba dio negativo, pero a uno de los doctores no le gustó lo que vio y ordenó una biopsia.

El diagnóstico resultó ser carcinoma de células escamosas, en concreto, un cáncer en su amígdala izquierda.

Según los médicos de Moore, si no fuera por la patata frita, se hubiese enterado cuando ya fuera demasiado tarde para salvarla.

"La patata frita era una bendición disfrazada", dijo la dichosa mujer. "Si no fuera por ella, Probablemente no me hubiese enterado por otro año".

Moore dijo que su marido llamó a la empresa Frito-Lay, la marca preferida de papas fritas de su mujer, y les contó la historia.

"Enviaron dos camisetas, una bolsa para almuerzo, una carta de agradecimiento, y un par de cupones para patatas gratis", dijo Moore. Ella dijo que les agradecería un suministro de por vida, y su marido hará otra llamada para ver si eso es posible.

Moore cree que los años que fumó pudieron haberle causado el cáncer. Ella dejó de fumar desde que recibió la devastadora noticia.

Cuando le preguntaron si volvería a comer patatas fritas, contestó:

"Hasta que no pueda comerlas más".




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